84 años del incendio que transformó Santander

 84 años del incendio que transformó Santander

Este 15 de febrero se cumplen 84 años del devastador incendio que transformó el centro de Santander, un suceso que marcó un antes y un después en la historia de la ciudad. Aquel fatídico día de 1941, un incendio iniciado en un edificio de la calle Cádiz, avivado por un viento huracanado, arrasó el casco antiguo de la capital cántabra en una de las mayores catástrofes urbanas del siglo XX en España.

El incendio dejó un balance desolador: más de 400 edificios destruidos, 10.000 personas damnificadas y pérdidas económicas que ascendieron a 85 millones de pesetas, una cifra astronómica para la época. En total, 115.000 metros cuadrados de suelo urbano quedaron reducidos a cenizas, obligando a la ciudad a replantearse su estructura y urbanismo.

El fuego, avivado por rachas de viento que se estima superaron los 180 km/h, se extendió rápidamente desde la calle Cádiz hasta la catedral, que por su ubicación elevada se convirtió en un foco difusor de las llamas. La propagación afectó calles emblemáticas como La Ribera, San Francisco, Atarazanas, El Puente y la Plaza Vieja, delimitándose finalmente entre la Cuesta de la Atalaya al norte, la calle Calderón de la Barca al sur, y las inmediaciones del ensanche al este.

Si bien los daños fueron principalmente materiales, el desastre costó la vida a un bombero madrileño y dejó más de un centenar de heridos. Popularmente se conoció al incendio como «el andaluz» porque comenzó en la calle Cádiz y se detuvo en la calle Sevilla.

Durante los primeros tres días, brigadas de bomberos de Bilbao, San Sebastián, Palencia, Burgos, Oviedo, Gijón, Avilés y Madrid acudieron a la ciudad para colaborar en la extinción. La situación se tornó crítica hasta el 17 de febrero, cuando la ausencia de viento facilitó los trabajos de control del fuego. Sin embargo, algunos focos persistieron hasta quince días después.

En un contexto de posguerra y bajo la dictadura franquista, la reconstrucción de Santander se convirtió en un proceso largo y complejo. La intervención del Estado fue determinante, pero la nueva planificación urbana excluyó a muchas de las familias que habían habitado el casco histórico. La remodelación de la zona afectada derivó en la construcción de un centro urbano modernizado, orientado al comercio y a la vivienda de clases acomodadas.

El 18 de febrero, el gobernador Carlos Ruiz García emitió un boletín con instrucciones para la población, incluyendo medidas sobre el suministro de alimentos. Ese mismo día llegó a la ciudad el crucero *Canarias* con provisiones para los damnificados. El 20 de febrero, las autoridades dictaron un decreto obligando a los propietarios a reparar los tejados y salidas de humo en un plazo de 48 horas, mientras que la distribución de comida caliente comenzó con el apoyo de cocinas de campaña.

El incendio de 1941 no solo supuso una tragedia para Santander, sino que también redefinió su fisonomía y marcó su evolución hasta la ciudad que conocemos hoy. Las huellas de aquel desastre aún pueden observarse en la configuración del centro, en la ausencia de un casco histórico tradicional y en la memoria colectiva de los santanderinos. A pesar de la adversidad, la ciudad demostró su capacidad de resurgir, convirtiendo la reconstrucción en un proceso de modernización que dejó una huella imborrable en su identidad.

El Cantabro

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