El adiós a Antonio Sedano: Manuel F. Gochi evoca al pintor que retrató el alma de Santander y México

 El adiós a Antonio Sedano: Manuel F. Gochi evoca al pintor que retrató el alma de Santander y México

Manuel F. Gochi recuerda al gran pintor Antonio Sedano y, de manera especial, la intensa relación que mantuvo con Pío Muriedas.

06.04.2026.- El año 2026 comenzó con la desaparición de Antonio Sedano, pintor nacido en Santander en 1938, cuya trayectoria artística se desarrolló entre su ciudad natal, Suecia y Madrid, para afianzarse en los años 80 en México y Estados Unidos, sin perder nunca el vínculo emocional con la “tierruca”.

La obra de Sedano en España se caracterizó por un lirismo profundo y una sensibilidad poética que se reflejaba en sus “tamarindos”, en su “bahía”, en su “Santander” y en sus retratos de intelectuales españoles, especialmente de la Montaña. Posteriormente, su trabajo alcanzó una dimensión histórica en México, donde supo trasladar al presente la trascendencia de la revolución mexicana, con especial atención a la figura de Emiliano Zapata.

Sedano construyó un lenguaje pictórico propio, en el que memoria, emoción y reflexión convivían en un equilibrio singular. Su pintura compartía con la poesía una tensión contenida, una capacidad de sugerir más que de afirmar, de abrir interrogantes en lugar de clausurarlos. No era un artista complaciente ni superficial; en su obra latía una búsqueda constante de lo esencial, más allá de la apariencia.

El color, en su universo creativo, trascendía lo estético para convertirse en vehículo de pensamiento y emoción. Sus gamas cromáticas evocaban estados del alma y atmósferas suspendidas, mientras que sus formas —a veces reconocibles, otras deliberadamente abiertas— invitaban al espectador a participar activamente en la construcción del sentido.

Entre Santander y México, entre la raíz y el viaje, Sedano levantó una obra coherente, honesta y profundamente humana. Una obra que rehúye el ruido y apuesta por la permanencia; que no se impone, sino que acompaña.

Especial relevancia tuvo su estrecha amistad con Pío Muriedas durante las décadas de los 70 y 80. Ambos compartían una admiración mutua cimentada en su amor incondicional por el arte, la poesía y la pintura. Sedano se sentía orgulloso de parecerse, en cierta medida, a Muriedas, al menos en esa vocación artística sin concesiones.

Esa relación se tradujo en gestos excepcionales: Muriedas defendió la obra y la personalidad de Sedano incluso a través de un poema —algo reservado prácticamente en exclusiva a su gran amor, María Luisa—, que el propio Sedano recitaba en sus visitas a Santander. Por su parte, el pintor materializó esa admiración en siete retratos de Muriedas, uno de ellos conservado en el MAS, donde logró captar no solo la fisonomía, sino la dimensión psicológica y espiritual del poeta.

En uno de sus encuentros, Sedano confesaba su orgullo por compartir con Muriedas una vida al margen de convencionalismos, incluso en lo relativo a no haber cotizado nunca a la Seguridad Social. Ambos se definían, con sus luces y sombras, como “hombres libres”.

El legado de Sedano encuentra uno de sus hitos más significativos en el monumental mural “Portus Victoriae”, realizado en México: una obra de 30 metros de largo por 4 de alto, ejecutada en cerámica de Talavera y financiada por el Banco de Santander. En ella, el artista recrea la bahía y la playa de El Sardinero, integrando símbolos esenciales de Santander en un conjunto que dialoga con el espíritu de la Asociación Montañesa de México.

Ante aquella obra, Gochi escribió una reseña que hoy adquiere un valor casi testamentario, destacando su capacidad para trascender el tiempo y elevar tanto al artista como a la ciudad representada a una dimensión histórica compartida. En su descripción, desgranaba con detalle cada elemento del mural: desde el Casino y el Hotel Sardinero hasta el faro de Cabo Mayor, los jardines de Piquío, el Palacio de la Magdalena o Puerto Chico, componiendo un retrato total de Santander, donde cada trazo contenía memoria, identidad y emoción.

Sedano logró, en definitiva, lo que solo está al alcance de unos pocos: trasladar el alma de los lugares y de las personas a su obra, con una técnica dual que conjugaba sobriedad, intensidad y una profunda carga simbólica.

Su despedida queda envuelta en una imagen poética y definitiva: la del viaje hacia “algún lugar de la nada”. Allí donde, como sugiere Gochi, el arte y la memoria permanecen.

Manuel F. Gochi

El Cantabro

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