“Una empresa emocionalmente inteligente tiene mayores garantías de superviviencia y éxito”

– La Cámara ha organizado una jornada divulgativa a la que han asistido más de 150 personas
La inteligencia emocional es «la capacidad de comprender las emociones y de conducirlas de manera que podamos utilizarlas para guiar nuestros procesos de pensamiento y nuestra conducta para producir mejores resultados». Se trata de un proceso que permite a las empresas tener «mayores garantías de supervivencia y éxito» y a los profesionales ser «más eficaces, eficientes y satisfechos». Esta es una breve definición para comprender una disciplina tan amplia como la inteligencia emocional, tema que ha protagonizado esta mañana una jornada impartida por el experto y consultor Leandro Fernández, de Agama Consultoría y Aprendizaje, y organizada por la Cámara de Comercio de Cantabria.
A pesar de su nombre, el experto ha afirmado que se trata de algo «más sencillo y tangible de lo que parece», ya que lo realizamos «de una manera natural a lo largo de nuestra vida».
En esencia, la inteligencia emocional es un mecanismo que permite a los seres humanos, y por extensión a las organizaciones, adaptarse a un entorno externo cambiante sin permitir que éste domine las propias emociones. El último siglo ha sido testigo de cambios muy notables, y en el actual, los que se produzcan serán aún mayores. Esto obliga a una rápida adaptación, que si no se realiza a tiempo puede provocar trastornos como elevados niveles de estrés, antesala de la depresión.
Según Leandro Fernández, la realidad puede ser percibida de dos maneras: como una amenaza (actitud reactiva) o como una oportunidad (actitud proactiva). Ante esta situación, tanto la persona como las empresas y las organizaciones pueden bien sumirse en constantes batallas contra el entorno o bien comportarse de una manera armónica y colaborativa, es decir, «desterrar las creencias limitativas y fomentar las potenciadoras», en palabras del experto. En este último caso, estarán desarrollando y aplicando su inteligencia emocional. Para Fernández, «desarrollar la inteligencia emocional de las empresas es desarrollar la inteligencia emocional de los profesionales que la componen».
El éxito tanto de los individuos como de las empresas no depende tanto del cociente intelectual, sino del adecuado uso de la Inteligencia emocional. Leandro Fernández ha concretado la aportación al éxito de cada uno de esos elementos: un 77% del éxito corresponde a la Inteligencia emocional, cifra que asciende al 90% en el caso del éxito del liderazgo. Apenas un 23% corresponde a las capacidades intelectuales.
Una empresa es «inteligente emocionalmente» si «se conoce a sí misma» (fortalezas, debilidades, competidores, capacidad de adaptación…), si «genera la necesidad de marcar y perseguir metas colectivas», si «aprovecha y respeta la diversidad» de quienes la integran, y si «entrega a sus clientes un producto o servicio realmente adecuado a sus necesidades», señala el experto.
Necesidades y realidades de la empresa
Leandro Fernández ha enumerado una serie de necesidades que tienen las empresas en la actualidad, que pasan por retener el talento, fomentar el compromiso y la creatividad, contar con profesionales capaces de trabajar en equipo, desarrollar la capacidad de adaptación al cambio, gestionar el estrés y tener profesionales con capacidad de liderazgo, comunicación y resolución positiva de conflictos.
Sin embargo, la realidad en muchos casos es bien distinta, como ha señalado Fernández. Es frecuente que gran parte del personal no se conozca a sí mismo, que se adopte una actitud victimista, intoxique las relaciones interpersonales, carezca de motivación o no se implique en una misión, visión y valores compartidos.
Todos los pensamientos negativos, dice el experto, provocan un comportamiento negativo. Esto se debe a que la «capacidad de elegir» no se ejercita. El individuo acepta que el entorno decida sus emociones, en lugar de hacerse dueño de ellas. Esta postura victimista es la más fácil de adoptar porque no requiere ningún esfuerzo por parte de la persona, pero conduce a situaciones de estrés.
El proceso emocional está estrechamente ligado a procesos químicos, ha explicado Leandro Fernández. Unas sustancias llamadas neuropéptidos son las responsables de nuestros estados emocionales. Un estrés mal gestionado es un estrés continuado, que puede generar en el organismo una cierta «adicción» a ese sentimiento, como si se tratara de una droga. En muchos casos, este tipo de sentimientos se instalan en personas y organizaciones, haciendo muy complicada su eliminación y provocando una mutilación de la capacidad creativa.
La inteligencia emocional permite, por lo tanto, y según Leandro Fernández, que los profesionales sean «más eficaces, eficientes y satisfechos» consigo mismos y con las circunstancias que les rodean; y a las empresas, tener «mayores garantías de supervivencia y éxito».
Fuente: www.camaracantabria.com
