La falta de conexión de Serrines con el mundo contemporáneo resulta menos que entretenida.

Simplemente refleja la desconexión real de Resines y sus guionistas en el panorama audiovisual de 2024.
En el pasado, Antonio Resines apareció puntualmente en «¿Qué fue de Jorge Sanz?» como casi todos los rostros conocidos que participaron en la excepcional serie de David Trueba, interpretándose a sí mismo en una versión intensificada. Aquel Resines era un individuo cínico y obsesionado con el dinero. En «Serrines, el actor de la madera», repite la misma fórmula, esta vez como protagonista, pero sin gracia. «Serrines, el actor de la madera» llega tarde y nace vieja.
Si la participación de Resines en «¿Qué fue de Jorge Sanz?» la interpretamos más como un gesto de amistad que como una estrategia profesional, no podemos ver de otra manera la participación de Sanz en «Serrines, el actor de la madera». Un pequeño detalle: la vida desastrosa del ficticio-no-ficticio Jorge Sanz tenía paralelismos divertidos (y crueles) con la realidad, mientras que Serrines es un personaje que ni siquiera funciona como parodia. «¿Qué fue de Jorge Sanz?» no era el capricho de un actor aburrido; era su inmersión en nombre de la mejor comedia. «Serrines, el actor de la madera» es todo lo contrario. Jorge se sumergía en una ficción-no-ficción implacable; Antonio deja claro que él es quien tiene el control. Esto entorpece el mecanismo de la comedia autorreferencial, ya que ofrece una protección evidente a su víctima. «Serrines, el actor de la madera» hace trampa, y eso ya no resulta convincente.
La falta de conexión de Serrines con el mundo actual no es graciosa. Solo evidencia la desconexión real de Resines y sus guionistas en el mundo audiovisual de 2024. «Serrines, el actor de la madera» llega más de 10 años tarde. 20, si tenemos en cuenta la manera en que facilita el acceso a sus supuestos chistes para los espectadores. Sus guiños y codazos al público se realizan desde la soledad de la barra de un bar donde el único que se ríe de sus ocurrencias es el camarero. Le pagan por hacerlo.
Comparar esta nueva serie con «¿Qué fue de Jorge Sanz?» es obvio y doloroso, pero no hacerlo sería tratar «Serrines, el actor de la madera» con una condescendencia mucho más cruel que cualquier crítica destructiva. David Trueba y Jorge Sanz decidieron prescindir del cinturón de seguridad en su serie. Esto hizo que fuera no solo divertida, sino también emocionante. En una de sus mejores secuencias, Jorge se encuentra con un rodaje en las calles de Madrid. En él trabaja un técnico con el que el actor compartió momentos de gloria cuando el cine español se rendía a sus pies. Es un momento hermoso en el que «¿Qué fue de Jorge Sanz?» sabe qué tipo de serie es y qué aspira a ser.
«Serrines, el actor de la madera» es la historia de un actor caduco al que el mundo moderno ha superado. Muchos de sus chistes tratan sobre ese mundo moderno, a veces ridículo, pero en muchas ocasiones, no. Bajo la dirección de David Trueba, Jorge Sanz hacía precisamente lo contrario. Él sabía que el tren de la vida lo había dejado atrás e intentaba subirse de nuevo en movimiento. Resines-Serrines quiere convencernos de que si el tren fuera más lento y no estuviera lleno de gente extraña, el mundo sería mucho mejor. Sin embargo, bien escrito e interpretado, eso podría funcionar. Desafortunadamente, no es el caso.
