Cinco alumnas de Reocín que ya trabajan como ingenieras aeroespaciales (aunque aún estén en 4º de la ESO)

 Cinco alumnas de Reocín que ya trabajan como ingenieras aeroespaciales (aunque aún estén en 4º de la ESO)

El IES Nueve Valles tendrá representación en la final regional del Desafío CanSat, de la ESA, gracias al equipo ‘Alianza Estelar’

10.03.2026.- Cinco alumnas de 4º de la ESO del IES Nueve Valles de Reocín representarán a su centro el próximo mes de abril en la final regional del Desafío CanSat, una iniciativa educativa impulsada por la Agencia Espacial Europea (ESA) que reta a estudiantes de toda Europa a diseñar, construir y programar un satélite del tamaño de una lata de refresco.

Bajo el nombre de Alianza Estelar, el equipo cántabro ha desarrollado un minisatélite completamente funcional capaz de recopilar datos científicos durante su descenso desde una altitud aproximada de 1.000 metros, replicando así una misión espacial real en condiciones controladas.

En esta entrevista conocemos de primera mano cómo ha sido el proceso de diseño, construcción y programación de este dispositivo, así como los retos técnicos a los que han tenido que enfrentarse para llegar hasta la fase final del proyecto.

 ¿Cómo surge la idea de participar en el Desafío CanSat de la Agencia Espacial Europea?

Ariadna: La idea surge cuando nuestra profesora de la materia optativa Sistemas de Control y Robótica nos habló, al comienzo del curso escolar, sobre este desafío; puesto que nos atrae todo lo relacionado con la ciencia, la tecnología y el espacio nos animamos a participar, ampliando nuestros conocimientos y comprendiendo el funcionamiento de los satélites.

¿Qué os motivó a formar el equipo ‘Alianza Estelar’?

Lucía: Una de las razones por las que nos decidimos a formar el equipo fue que todas nos conocemos desde hace años y nos llevamos muy bien; además nos une el mundo del espacio y de la ciencia en general.

¿En qué consiste exactamente el proyecto que habéis desarrollado?

Ilaya: El proyecto consiste en crear un satélite del tamaño de una lata de refrescos dotado de sensores, capaces de recoger datos durante su descenso desde una altitud de aproximadamente 1000 metros. Con los datos recogidos se realizará posteriormente un estudio científico, a elección de cada equipo participante.

¿Qué funciones tiene vuestro mini satélite?

María: Nuestro satélite tiene que ser capaz de cumplir con 2 misiones asignadas: con la misión primaria, obligatoria para todos los equipos participantes, tenemos que medir la presión atmosférica y la temperatura durante el descenso del CanSat al menos una vez por segundo, y recibirlo en tiempo real en nuestra estación en Tierra, además de garantizar un aterrizaje seguro. La misión secundaria es libre para cada equipo; en nuestro caso, vamos a medir, además,  la humedad, la calidad del aire, la radiación ultravioleta, los compuestos orgánicos volátiles (TVOC), la aceleración en el eje Z y el CO2 equivalente.

¿Qué tipo de datos es capaz de recopilar durante el descenso?

Julia: Durante el descenso se recopilan todos los datos recogidos por nuestros sensores una vez por segundo, además de la fecha, la hora, la latitud, la longitud y la altitud, proporcionados por un GPS que hemos añadido, de forma que podamos conocer, en todo momento, la posición de nuestro CanSat y facilitar su localización tras el aterrizaje.

¿Cómo ha sido el proceso de diseño y construcción del satélite?

Ariadna: El diseño y construcción de nuestro CanSat ha sido un proceso complejo, en el que hemos aprendido (y seguimos haciéndolo) muchas cosas relacionadas con el diseño y la impresión 3D, electrónica, programación…

El diseño de la carcasa lo hemos realizado con un programa de diseño llamado TinkerCAD, que después hemos impreso en 3D con el filamento proporcionado por uno de nuestros patrocinadores. En cuanto a la recepción de datos en tiempo real a grandes distancias, hemos aprendido a configurar el módulo de radio APC220 para que emisor (CanSat) y receptor (estación en Tierra) trabajen en la misma frecuencia; además, hemos aprendido a construir una antena Yagi de 7 elementos con varillas metálicas y cable coaxial. Hemos aprendido a programar cada uno de los sensores que incorpora nuestro satélite, incluido el GPS. Hemos realizado los cálculos físicos necesarios para construir nuestro paracaídas y hemos dado un salto programando todo con una placa controladora nueva para nosotras, la ESP32 Plus Steamakers, mejor y más potente que la conocida Arduino Uno.

Actualmente estamos trabajando en el diseño eléctrico y la construcción de una shield en la que colocar todos nuestros sensores, minimizando con ello el espacio y asegurando que no se suelte ningún cable durante el lanzamiento.

¿Qué sistemas de comunicación habéis incorporado para recibir los datos en tierra?

Lucia:  Hemos incorporado unos módulos de radio, en concreto el APC220: uno ira dentro del Cansat (emisor), el cual nos enviará los datos al otro módulo de radio (receptor) conectado al ordenador (nuestra estación en Tierra),en el que hemos sustituido la mini antena de serie por una antena Yagi de 7 elementos.

Además, como medida de protección, hemos programado nuestro sistema para que, además de recibir estos datos de los sensores (en formato CSV) en tiempo real una vez por segundo se guarden en una tarjeta micro SD, alojada en la misma placa controladora.

¿Qué papel juegan los sensores científicos dentro de la misión?

Ilaya: Los sensores juegan un papel crucial ya que son los que nos proporcionarán los datos que necesitamos para cumplir con nuestra misión secundaria, que en nuestro caso consiste en analizar las condiciones atmosféricas en el lugar del lanzamiento y determinar si son óptimas para la salud de las aves.

¿Cómo funciona el sistema de recuperación tras el lanzamiento?

María: El sistema de recuperación es un paracaídas de 8 gores hecho con tela nylon ripstop e hilo de cometa. Hemos escogido este tipo de nylon por se extremadamente resistente, utilizado para la construcción de paracaídas, y además en colores muy llamativos (rosa y amarillo, como nuestro logo), para facilitar su localización visual tras el aterrizaje.

Este paracaídas se unirá a la carcasa del CanSat a través de un quitavueltas, añadiendo, además, gomas elásticas para amortiguar el golpe que se produce con su apertura.

¿Qué dificultades técnicas os habéis encontrado durante el desarrollo del proyecto?

Julia: Las dificultades que hemos encontrado son principalmente a la hora de programar, ya que es la primera vez que lo hacemos con código; hasta ahora, siempre lo habíamos hecho mediante la conocida programación por bloques, pero algunos de los sensores que hemos utilizado no lo permitían. Ahora hemos dado un paso más. Además, comenzamos con la placa Arduino Uno, por afinidad (es la que más conocíamos y más cómodas nos sentíamos), pero enseguida vimos que se nos quedaba corta para nuestros propósitos.

También nos ha costado un poco decidir nuestra misión secundaria: tenía que ser un estudio científico al que pudiéramos dar respuesta recogiendo datos de sensores durante el descenso, y al mismo tiempo teníamos que conocer y saber programar esos sensores para que nos dieran los datos necesarios para responder a ese estudio científico.

Finalmente, el diseño de la shield requiere poseer buenos conocimientos de electrónica; aunque nuestra mentora nos está enseñando y ayudando, es totalmente nuevo para nosotras.

¿Cómo os habéis organizado para repartir las tareas dentro del equipo?

Ariadna: La verdad, ha sido sobre la marcha, cada una se fue enfocando en las cosas que más le interesaban, y a partir de ahí comenzamos a repartirnos las funciones y responsabilidades, asumiendo cada una un rol dentro del equipo. Por ejemplo, mi compañera Lucía se centró en la difusión del proyecto y la búsqueda de patrocinadores, mis compañeras María y Julia con la programación, Ilaya con la carcasa y el paracaídas…

¿Qué competencias habéis desarrollado durante este proceso?

Lucía: Durante este proceso hemos aprendido a programar con Arduino IDE, a fabricar una antena Yagi, a realizar los cálculos y construir un paracaídas, electrónica y a diseñar en 3D, entre otras cosas. Además, hemos mejorado nuestra capacidad para trabajar en equipo y para hablar en público, además de elaborar documentos técnicos (informe prelanzamiento, informe crítico y, si hay suerte y llegamos a la final nacional, el informe pre-lanzamiento).

Finalmente, hemos aprendido cómo los cambios en la atmósfera debidos a la contaminación y al cambio climático afectan a la salud de las aves (nuestra misión secundaria).

¿Ha cambiado vuestra percepción sobre la ingeniería o la ciencia tras participar en este desafío?

Ilaya: Sí, ahora a todas nos gusta un poco más la ciencia y la tecnología, aunque ya anteriormente era algo que nos unía.

¿Qué ha sido lo más complicado de trabajar en un proyecto de estas características?

María: Se trata de un desafío muy ambicioso, con un rango de edad de participantes de entre 14 y 19 años. Desde nuestro punto de vista, lo más complicado ha sido programar, ya que no sabíamos hacerlo con anterioridad puesto que aún estamos en 4º de ESO (tenemos 15 años todas).

Además, exige mucha organización; no puedes despistarte porque enseguida llega la fecha de enviar el primer informe técnico.

La búsqueda de empresas patrocinadoras también ha sido una novedad para nosotras, y la difusión del proyecto constante desde el comienzo, tanto en RR.SS. como a través de la página web del instituto, a través de charlas divulgativas, entrevistas en los medios, etc.

¿Cómo afrontáis vuestra participación en la final regional que se celebrará el próximo mes de abril?

Julia: Con muchas ganas, ya que es la primera vez que participamos en algo de estas magnitudes y es una gran oportunidad para aprender, mejorar y desarrollar nuestras habilidades. Y también tenemos la ilusión de poder ganar e ir a la fase nacional. Poder ver caer nuestro satélite desde un cohete a 1000 metros de altitud, y recibir los datos de los sensores que nosotras hemos programados es un sueño.

¿Qué expectativas tenéis de cara a esta fase del concurso?

Ariadna: Creemos y deseamos que vaya todo bien. Nos hemos esforzado mucho y esperamos que todo nuestro trabajo nos sirva para llegar a la final nacional.

¿Creéis que este tipo de iniciativas pueden despertar vocaciones científicas entre el alumnado?

Lucía: Desde luego que sí. Este tipo de desafíos y proyectos hacen que a te guste y entiendas más la ciencia, te ayudan a relacionar lo que aprendes en clase, en todas las materias, con la vida real. Además son divertidos y consigues hacer cosas que inicialmente pensabas que no podrías. Son retos.

¿Os gustaría seguir vinculadas al ámbito de la ingeniería o la tecnología en el futuro?

Ilaya: Sí, por supuesto.  Sin ir más lejos, a una compañera del grupo le gustaría ser ingeniera aeroespacial.

¿Qué le diríais a otros estudiantes que estén pensando en participar en proyectos similares?

María: Que se animen a participar sin ninguna duda, que todo es una oportunidad y que si les acaba gustando en un futuro se pueden dedicar a ello, además de que te lo pasas bien y aprendes muchas cosas.

¿Qué puede significar para vosotras representar a Cantabria en este desafío?

Julia:  Nos haría mucha ilusión, al fin y al cabo, no todos los días se participa en un concurso a nivel nacional. Sería un gran desafío que afrontaríamos con muchas ganas. Además, representar a Cantabria en el CanSat  es una oportunidad increíble para aprender y poner a prueba nuestras habilidades en un proyecto real de ingeniería.

El equipo que resulte ganador en la competición regional representará a Cantabria en la competición nacional el próximo mes de mayo en la Base aérea de Badajoz, simulando una misión espacial completa, desde el diseño del satélite hasta la recogida y análisis de los datos obtenidos durante el vuelo. Una experiencia que no solo pone a prueba tus conocimientos técnicos, sino que también fomenta el trabajo en equipo, la innovación y el interés por las disciplinas STEM entre el alumnado más joven.

Con proyectos como este, la exploración espacial deja de ser una idea lejana para convertirse en una realidad que comienza, literalmente, en las aulas.

El Cantabro

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