La huelga médica pone en jaque la actividad sanitaria en Cantabria desde este lunes

La convocatoria responde al rechazo del colectivo médico al nuevo Estatuto Marco planteado por el Ministerio de Sanidad, que, según denuncian, podría empeorar sus condiciones laborales y dificultar la captación de nuevos profesionales en el sistema público.
Cantabria, 15 de febrero de 2026. La sanidad pública en Cantabria afronta desde este lunes una semana de previsibles alteraciones asistenciales con motivo de la huelga nacional de médicos convocada entre los días 16 y 20 de febrero, que afectará directamente al funcionamiento ordinario del Servicio Cántabro de Salud.
El paro, respaldado en la comunidad autónoma por el Sindicato Médico, impactará tanto en Atención Primaria como en la actividad hospitalaria, obligando a los centros sanitarios a operar bajo un régimen de servicios mínimos similar al de fines de semana y festivos.
Según el decreto aprobado por el Gobierno regional, se garantizará la atención urgente y no demorable en hospitales como el Universitario Marqués de Valdecilla, Sierrallana-Tres Mares o el Comarcal de Laredo, así como en los centros de salud. No obstante, la actividad ordinaria sufrirá previsiblemente cancelaciones o aplazamientos en consultas externas, pruebas diagnósticas e intervenciones quirúrgicas programadas.
En el ámbito hospitalario, los servicios mínimos contemplan la continuidad de la atención en urgencias, pacientes ingresados, unidades de cuidados intensivos, obstetricia, tratamientos oncológicos, diálisis o cirugías no demorables, además de pruebas consideradas prioritarias. Esto implicará, en la práctica, una reducción significativa de la actividad asistencial habitual durante las jornadas de huelga.
Asimismo, se mantendrá operativo el servicio de emergencias 061, la red de ambulancias de soporte vital básico y avanzado, así como el transporte sanitario, con el objetivo de asegurar la cobertura de situaciones críticas durante el desarrollo del paro.
En Atención Primaria, los consultorios podrían registrar una disminución notable en la disponibilidad de facultativos, lo que derivará previsiblemente en la reprogramación de citas médicas y un aumento de la presión asistencial en los servicios de urgencias hospitalarias.
