Tribuna libre: La prolongación de la vida útil de la central de Garoña, una buena noticia para Cantabria

Modesto Piñeiro García-Lago. Presidente de la Cámara de Comercio de Cantabria
Ante el anuncio del anterior Gobierno de la nación del cierre de la central nuclear de Santa María de Garoña en 2013, el Consejo Superior de Cámaras de Comercio, Industria y Navegación de España expresó su preocupación por las implicaciones negativas que esta decisión iba a suponer para la competitividad de las empresas y para el desarrollo de la economía española.
Para las cámaras, este anuncio afectaba de forma desfavorable a la calidad y a la disposición de la energía a unos precios competitivos. Además, podía provocar un mayor incremento de nuestro ya elevado déficit comercial, en el que la energía supone una parte muy considerable.
La energía que hasta ahora suministra la central nuclear de Garoña tendría que ser sustituida por otras opciones, cuyas consecuencias pueden ser emisiones más altas de CO2, en el caso de las centrales de ciclo combinado o por costes sensiblemente más elevados, como es el caso de las renovables. No podemos olvidar que el desarrollo de las energías renovables en España se ha estado produciendo con importantes subvenciones públicas ahora ya recortadas, en unos momentos en los que el déficit público ya se ha situado en niveles muy elevados.
Las Cámaras de Comercio entendimos que esta medida, el cierre de Garoña, podía también empeorar la garantía del suministro energético, pues se reduciría la contribución de una fuente de generación que destaca por su seguridad y fiabilidad en la aportación de energía al sistema.
Esta decisión, en nuestra opinión, más allá de lo que suponía Garoña, era de una enorme trascendencia y requería, con más urgencia que nunca, el estudio y la aprobación de un nuevo Plan Energético Nacional. España necesita un modelo energético que garantice el suministro a precios y calidades competitivas y que reduzca nuestra alta dependencia exterior y las emisiones de CO2, para poder cumplir con los compromisos de Kioto.
Recientemente, el Consejo de Seguridad Nuclear ha emitido un informe en el que no ve impedimento en que el Ministerio de Industria, Energía y Turismo pueda revocar la orden de cierre de esta central en julio de 2013. Este informe abre la puerta para que el nuevo Gobierno de España reconsidere la anterior decisión y todo apunta a que se va a dar el visto nuevo a la prolongación de la vida útil de Garoña, puede que hasta 2019. Del mismo modo que en su momento las cámaras fueron valientes en la defensa pública de esta energía, consolidada en todos los países desarrollados de nuestro entorno, ahora debemos congratularnos con el previsible cambio de rumbo de nuestros gobernantes actuales, en la confianza de que esta medida no se quede en algo puntual, sino que sea el punto de arranque de una nueva visión y concepción energética para España.
La prolongación de la vida de Garoña es una buena noticia para España, pero también para Cantabria. Su construcción fue iniciativa de un brillante y no suficientemente reconocido ingeniero cántabro, Manuel Gutiérrez-Cortines. La central nuclear de Santa María de Garoña nació realmente el 8 de diciembre de 1953, cuando el presidente de los Estados Unidos, Dwigth Eisenhower, lanzó en la ONU su famoso discurso de «Átomos para la paz». El mundo seguía aterrorizado después de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki (1945) y hacía falta un cambio de enfoque para el uso pacífico de esta energía. A pesar de su aislamiento y su pobreza, España también se sumó a aquella corriente de uso civil de una energía aún misteriosa. Acuciado el país por la dependencia energética, con poco carbón y nada de petróleo, se comienza a buscar uranio, se crea en 1951 la Junta de Energía Nuclear y en 1957 nace Nuclenor, fruto de la colaboración de Iberduero y Electra del Viesgo. Es el momento del ingeniero cántabro Manuel Gutiérrez-Cortines, verdadera alma y motor del desarrollo nuclear en España y gran ideólogo del proyecto de Garoña. Fue un visionario. Se dio cuenta del potencial de la nueva energía y de que había que seguir el sendero que habían tomado las grandes naciones. En una España todavía en vías de desarrollo, él viajaba y aprendía de los países que iniciaban su despegue nuclear. Su prestigio atravesó fronteras.
La empresa Nuclenor, propietaria de Garoña, mantiene en Santander un departamento de ingeniería. Además, la empresa lleva 22 años colaborando con la Universidad de Cantabria y son numerosos los cántabros que tienen allí su empleo estable desde hace muchos años.
Nuestra defensa de la energía nuclear, no obstante, no significa que debamos olvidarnos de las energías renovables. En 2011 se superarán los objetivos de potencia planteados en este campo. Pero la utilización de estas energías requiere potencia de reserva para cubrir la demanda en los momentos en los que, por condiciones meteorológicas inadecuadas o falta de luz o radiación solar (períodos nocturnos), no puedan aportar energía al sistema. Además, la elevada subvención de que han disfrutado las energías renovables (en 2009 la subvención a la solar fue diez veces más que la energía eólica) y la potencia de reserva necesaria, introducen un sobrecoste en el sistema que afecta a su competitividad.
La importancia de disponer de una energía competitiva con garantía de suministro y precios competitivos hace necesario formular con urgencia un Pacto de Estado para diseñar un nuevo Plan Energético en el que se establezca una planificación a largo plazo del sector, que dote de estabilidad regulatoria tanto al mercado de electricidad como a la generación con tecnologías pertenecientes al Régimen Especial, garantizando el suministro energético a precios y calidades competitivas con los países de nuestro entorno.
En Cantabria tenemos que aprovechar este momento para dar un impulso al Plan Eólico y especialmente al eólico marino y la energía undimotriz u olamotriz, la generada por el movimiento de las olas, en donde estamos siendo líderes en su investigación y desarrollo.
Fuente: www.camaracantabria.com