“Que siempre ha habido un rico no es verdad. Eso tiene un origen y lo rastreamos en la Edad de Bronce”

La arqueóloga Cristina Rihuete será una de las conferenciantes de los Cursos de Verano de la UC que este martes arrancan en Ramales
- “Es una sociedad de clases y esas diferencias se manifiestan en un acceso al consumo, en una riqueza diferente y en las tumbas”.
- “En el cambio a una sociedad muy jerarquizada lo que hacen es privatizar de alguna manera a los ancestros”.
- “Nunca aparecerá un individuo de sexo masculino [enterrado] con un punzón. Eso es exclusivo del sexo femenino”.
- “El hecho de que haya una ofrenda de carne es una marca de que son algaricos”.
Ramales de la Victoria, 28 de julio de 2025.-Ramales de la Victoria ya está lista para convertirse en la capital cántabra de la Prehistoria. Este martes, 29 de julio, arranca la XVIII edición de los Cursos de Verano de la Universidad de Cantabria (UC) en un municipio que, un año más, se dedicará a profundizar en temas que atañen a nuestro pasado más remoto.
Para más seña, esta temporada la comarca Asón-Agüera contará con un monográfico titulado ‘Interrogando a los muertos’, dirigido por el profesor del Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria (IIIPC) Igor Gutiérrez, y tres conferencias abiertas al público que se centrarán en las prácticas y comportamientos funerarios de las sociedades pasadas en distintos puntos de la Península Ibérica.
Con Cristina Rihuete, profesora de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y una de las ponentes de las charlas que se darán el martes, el miércoles y el jueves en el Salón de Actos de la Fundación Orense a las 20:00 horas, hablamos del pasado y de sus sociedades porque ella tiene claro que “puede haber diferencias enormes entre el calcolítico del Cantabria y el calcolítico de Andalucía”, de ahí que su conferencia se centre en ‘El Argar: el descubrimiento de una civilización de la Edad de Bronce’.
“Para mí [la prehistoria reciente] es una de las épocas más apasionantes en Prehistoria porque los inicios de tantas desigualdades que hemos heredado posteriormente se dan ahí. Esta idea de que ha habido un rico siempre, de que ha habido explotación siempre, no es verdad. Eso tiene un origen y ese origen lo rastreamos muchas veces en sociedades de la Edad del Bronce”, explica Rihuete.
En este sentido, la experta, que trabaja mano a mano con los profesores Rafael Micó y Vicente Llul, ha concretado que ella y su equipo estudian “las sociedades de la prehistoria reciente, las neolíticas y las de la Edad de los Metales, antes del Hierro, antes de que los estados del Mediterráneo y del Próximo Oriente se pongan en movimiento y empiecen a colonizar amplias zonas, tanto de Europa como en el Mediterráneo”.
La arqueóloga y sus compañeros han investigado en profundidad el yacimiento de El Argar, un grupo arqueológico de la Edad del Bronce situado en el sudeste de la Península Ibérica: “Es una sociedad compleja de la que sabemos mucho gracias a unos proyectos muy intensos que hemos llevado adelante desde el 2008”. Proyectos por los que fueron galardonados con el Premio Nacional de Arqueología en 2024 y ocuparon páginas en medios internacionales tan prestigiosos como el New York Times o el National Geographic.
UNA SOCIEDAD VIOLENTA
Sus investigaciones han concluido que en El Argar hubo una producción de armas que no estaba pensada para la cazar: “Una cosa es que tú utilices un arco y una flecha, que lo utilizas para matar, pero para matar a un animal. Eso es muy diferente a que tú dediques una producción artesana especializada en hacer armas. Esto lo inventa El Argar. Inventa las armas especializadas de cobre”.
Esta producción de armas, junto con otras evidencias halladas, apunta que la de El Argar fue “una sociedad polarizada, en la que hay conflictos importantes y en la que la violencia cumple un rol muy específico”. De hecho, “una de las cosas muy claras que le pasa a El Argar es que colapsa y desaparece sin dejar pena ni gloria. La gente que vive después allí anula todo recuerdo de esa sociedad. Acabó tan mal que intentaron borrar de sus prácticas cualquier resquicio o recuerdo de lo que había hecho esta gente”, subraya Rihuete.
ENTERRAMIENTOS PRIVADOS
El Argar fue también una sociedad altamente jerarquizada. “Es una sociedad de clases y esas diferencias sociales se manifiestan en un acceso diferencial al consumo, en una riqueza diferente y en las tumbas”, apunta una arqueóloga que destaca, entre las características más llamativas de El Argar, que comiencen a enterrar a sus finados bajos sus casas.
“Hay un cambio ideológico fundamental muy marcado en esta sociedad, un cambio de una sociedad que pasa de tener estructuras más o menos de reciprocidad, de sociedades igualitarias en las que las diferencias son de apreciación, pero no económicas. En ese tránsito, en el cambio a una sociedad muy jerarquizada, muy estratificada, lo que hacen es privatizar de alguna manera a los ancestros. El hecho de que entierren debajo de las casas subraya aún más este cambio de mentalidad. Un cambio muy acusado”.
Por eso, en la cultura argárica no es la norma encontrar enterramientos colectivos. “En las sociedades de antes de El Argar, como en tantísimos sitios, las necrópolis son colectivas, pese a que puede haber tolos o monumentos, no solamente cuevas, en los que se invierte muchísimo trabajo. El Algar cambia y lo hace privado. Enterraban debajo del área habitada, debajo de las casas, debajo de las zonas donde estaban las murallas, debajo de las calles, etc. La necrópolis es el mismo poblado y eso es una cosa fantástica porque te permite hacer interpretaciones, no estás inventándote si es una población que se entierra en tal lugar”, valora la arqueóloga.
ENTERRAR CON CLASE SOCIAL
Rihuete ha recordado que, ya en los años 80, Vicente Lull “estableció diferentes categorías socioeconómicas en función de la tumba en que se enterraba a las personas» pero que, hoy en día, además de diferencias de clase, ya se constatan diferencias por género.
“Hay objetos reservados a las mujeres y objetos reservados a los hombres, y también elementos que tiene que ver con la edad. Objetos en los que esas tres cosas, clase, género y edad, son específicas. Por eso es tan interesante el mundo funerario en esta sociedad, porque nos permite ver muy bien todas esas categorías que pueden ser tan diferentes, porque lo que tienen en la tumba indica la clase social a la que pertenecen», añade la arqueóloga.
Preguntada por algún ejemplo de diferencia de ajuar a la hora de enterrar, Rihuete contesta: “Marcadores de sexo tenemos, marcadores de clase tenemos y marcadores que juntan sexo, edad y clase también. De edad, de momento, solamente como edad no tenemos. En género, por ejemplo, nunca aparecerá un individuo de sexo masculino con un punzón. Eso es exclusivo del sexo femenino».
Por el contrario, “todas las armas aparecen siempre en tumbas masculinas. No hay un solo caso de tumba femenina donde haya armas. Y, en lo que serían las categorías de las personas ciudadanas, tanto a los hombres como a las mujeres se les suele enterrar con un cuchillo o con una daga. Como el cuchillo es una cosa tanto masculina como femenina» entendemos que “es un marcador de clase».
OFRENDA DE CARNE
Un elemento que aparece prácticamente en la totalidad de las tumbas excavadas con independencia de que sean más ricas o más pobres, de hombre o de mujer, es un pedazo de carne que, eso sí, tiende a ser de mejor calidad y tamaño cuanta más relevancia tuvo o se intuye tuvo esa persona antes de fallecer.
“Una de las cosas que marca que una persona era argárica, la identidad de la comunidad, es que las ofrendas de carne son para todo el mundo. El hecho de que haya una ofrenda de carne es una marca de que son algaricos», explica Rihuete. “A veces, hay diferencias en las tumbas de clase alta. Por ejemplo, en la tumba más rica de cuantas se han encontrado, una tumba doble en la que se enterró un hombre y una mujer, ahí la pieza de carne es una pieza de vacuno espectacular».
De todo esto y mucho más se hablará esta semana, del 29 al 31 de julio, durante los Cursos de Verano de la UC en Ramales de la Victoria. Una cita imperdible que, sin duda alguna, ya tienen marcada en su calendario todos los y las amantes de la Prehistoria.
