Cantabria avanza en la Ley de Salud Digital para prestar una asistencia sanitaria que aproveche «de forma inteligente» las posibilidades de la tecnología

Pascual, durante su comparecencia ante los medios de comunicación para presentar el proyecto de Ley de Salud Digital de Cantabria (Foto: Patricia Pereda)
Santander- 21.09.2029
«Cantabria va a contar con un marco jurídico sólido que dé seguridad a profesionales y ciudadanos e incorpore igualdad, accesibilidad y universalidad a la salud digital». La Ley de Salud Digital, ya en ciernes, aborda «prácticamente» toda la cadena de la salud digital para cambiar la manera de prestar la asistencia sanitaria, aprovechando de forma inteligente las posibilidades de la tecnología.
El consejero de Salud, César Pascual, ha resumido así la norma, que será pionera en España y Europa, y que, en último término, «es una ley sobre quién queremos que gobierne la sanidad del futuro: si las personas utilizando la tecnología o la tecnología utilizando a las personas».
Por eso, Cantabria ha diseñado una ley sobre «las personas, sus derechos, sus datos, sus decisiones y la relación entre pacientes y profesionales sanitarios», porque la tecnología -ha subrayado Pascual- está entrando en espacios que, hasta hace muy poco, pertenecían exclusivamente a la interacción entre seres humanos. «Y ya no es ciencia ficción, por eso necesitamos regulación».
La Ley de Salud Digital de Cantabria trasciende la regulación estatal, «todavía fragmentada e inexistente» y en 10 capítulos reglamenta la teleasistencia, aplicaciones, prescripción electrónica, espacio autonómico de datos e historia clínica electrónica, la nube, la inteligencia artificial, los registros autonómicos, las neurotecnologías o la investigación, entre otros.
«Esta Ley expresa el deseo del Gobierno de que la sanidad digital sea más inteligente, precisamente para que sea más humana. Esta es la aparente paradoja de la ley, que estamos regulando algoritmos, datos, nube, IA, neurotecnologías para proteger algo que no es digital, como es la confianza, la autonomía, la intimidad y la relación entre quien necesita ser cuidado y quien tiene la responsabilidad de cuidarlo».
Además, no es una iniciativa aislada, ya que se enmarca en las líneas de acción del Plan de Salud Digital 2024-2027, que el Gobierno aprobó al inicio de legislatura.
Telemedicina y apps de salud
La nueva Ley de Salud Digital regula la teleasistencia, que es un «verdadero» acto asistencial, con «calidad, seguridad, consentimiento y responsabilidad profesional», es decir «algo más» que una videollamada entre médico y paciente, por lo que es preciso establecer «garantías».
Eso sí, ha aclarado el consejero, «siempre» con el principio básico de que «lo digital no desplace lo presencial». La Ley contempla la teleasistencia como algo «complementario», que no sustituto, de la presencialidad.
Además, la Consejería de Salud, con esta Ley, «pone orden» en las aplicaciones sanitarias, separándolas de las aplicaciones de bienestar o ‘wellness’, que cualquiera puede descargase en su teléfono móvil y que miden, interpretan o prometen mejorar algún aspecto relacionado con la salud. De hecho, las aplicaciones sanitarias deberán, por tanto, respetar los requisitos de los productos sanitarios, la protección de datos y la seguridad de la información, para evitar confusiones.
Datos, no residuos
En este punto, César Pascual ha anunciado uno de los «cambios conceptuales» que establece la Ley para que «el dato sanitario debe dejar de ser un residuo». Durante años se han generado millones de datos «que sirven» para «comparar, hacer estudios y pueden y deben convertirse en una herramienta para mejorar la asistencia».
Por eso, la ley cántabra da «carta de naturaleza» al Espacio Autonómico de Datos Electrónicos de Salud, que formará parte del Espacio Nacional y del Espacio Europeo, que ya está en marcha, aunque en una fase inicial.
«Queremos que los datos estén estandarizados, sean de calidad y permitan mejorar la atención sanitaria, pero con las garantías correspondientes para la investigación, la innovación, la planificación y la evaluación».
Además, la ley distingue la utilización primaria y secundaria de los datos, promueve la seudonimización y contempla «expresamente» el retorno social derivado de su utilización, ya que «los datos tienen un gran valor científico que debe regresar a la sociedad en forma de conocimiento, investigación, mejores tratamientos o mejores políticas sanitarias».
Y hay otro aspecto, «con enorme trascendencia práctica», como es la historia clínica del paciente, que «a estas alturas» no tiene que transportar de un lugar a otro o repetir permanentemente información que el sistema ya tiene. Por eso, la Ley de Salud Digital fomenta la «compartición» de la historia clínica, con independencia del carácter público o privado del responsable del tratamiento, así como el acceso a la misma a los profesionales que le atienden durante el periodo que dura la asistencia.
«Traducimos así un marco normativo europeo que no teníamos en Cantabria, con un principio sencillo: la información sanitaria debe viajar mejor que el paciente, siempre con la garantía de privacidad, seguridad y trazabilidad que exige una información tan sensible».
Regulación explícita de la Inteligencia Artificial
«No tenemos miedo a la inteligencia artificial, pero tampoco la vamos a convertir en una nueva religión tecnológica», ha dicho Pascual. Tal es así, que la ley protege «expresamente» la libertad diagnóstica del facultativo y crea un registro autonómico de sistemas de IA en salud, en el que deberán inscribirse los sistemas empleados en los centros públicos y privados de Cantabria.
Es decir, «si un médico utiliza una inteligencia artificial a la hora de atender un paciente, esa inteligencia artificial deberá estar con el marcado europeo CE para poder funcionar en el sistema sanitario», además de notificárselo al paciente. Por tanto, se sabrá, en todo momento, «qué sistemas se utilizan, para qué y bajo qué garantías».
Porque la IA puede ser extraordinariamente útil para detectar patrones, interpretar imágenes, anticipar riesgos, apoyar decisiones o liberar de tiempo al profesional, entre otras, pero «ayudar a decidir no significa apropiarse de la decisión».
También, la ley aborda una realidad «emergente», como son los datos sintéticos, generados artificialmente por algoritmos y establece condiciones vinculadas a la imposibilidad de identificación de los pacientes o la transparencia de los métodos utilizados.
«La IA es una herramienta, pero la responsabilidad clínica no desaparece y el último responsable de su uso es el profesional sanitario».
Neurotecnologías y protección de los neurodatos
Hay un capítulo específico de la norma, el siete, que acota las tecnologías capaces de interactuar directamente con el sistema nervioso y obtener información extraordinariamente sensible, que habla potencialmente de actividad cerebral, de emociones, de procesos cognitivos, de aquello que, probablemente, constituye el último espacio de intimidad del ser humano.
Cantabria se anticipa así a una tecnología que se desarrollará «mucho más» para proteger la «manipulación» que se puede hacer de la mente a través de determinados programas de inteligencia artificial.
Y respecto a la tecnología, Pascual ha dicho que «regular antes de entender cómo funciona algo produce malas normas». Basándose en este principio, la nueva legislación cántabra permite establecer entornos controlados de prueba antes de adoptar decisiones especialmente relevantes.
«Es decir, probamos esa tecnología, la evaluamos, aprendemos y luego regulamos». Esa es la definición de ‘sandbox’: probar en un entorno controlado y regular después. Además, incorpora expresamente esos entornos de experimentación dentro del marco europeo y estatal de innovación e inteligencia artificial, que los contempla muy genéricos. «Un cambio importante», sobre todo desde el punto de vista de la administración, «que también tiene que aprender a innovar».
Gobernanza de datos
Por último, Pascual, en la presentación oficial de la ley a los medios de comunicación y ciudadanos, ha explicado que establece una estructura de gobernanza, una estrategia táctica y operativa que incorpora expresamente la participación ciudadana y profesional.
«La salud digital no pertenece a los informáticos, ni a los médicos, ni a los gestores, ni a las empresas tecnológicas, sino al sistema sanitario y, en último término, a los ciudadanos». Por eso, el proyecto de ley trata de que profesionales y pacientes participen en su construcción y estén en los órganos de gobernanza.
Además, la norma incorpora una disposición específica sobre Cohorte Cantabria y otra destinada a un ecosistema de innovación en salud en Cantabria, haciéndose así eco de «algo que Cantabria ya ha demostrado que sabe hacer, como es generar conocimiento».
«Eso le da un carácter más ambicioso a la norma, porque queremos que Cantabria sea no solo una comunidad consumidora de innovación sanitaria, sino capaz de generar y probar innovación, evaluarla y transferirla». Un aspecto de la ley que enlaza con el IDIVAL, el Hospital Virtual Valdecilla, con el Parque de Innovación en Salud y, en definitiva, «con nuestras capacidades de investigación en genómica y con la transformación digital que estamos desarrollando».
Desarrollo reglamentario para evitar el riesgo de obsolescencia
Como quiera que «estamos regulando tecnologías que evolucionan muy rápido», se ha previsto que el desarrollo de la norma sea reglamentario, por el riesgo de obsolescencia y dependencia de desarrollos posteriores.
Se regulan así los principios, derechos, responsabilidades y gobernanza, pero la tecnología va a seguir evolucionando y la ley tiene que evolucionar. «Por eso, dejamos al desarrollo reglamentario todos aquellos aspectos que tienen que ver con la evolución tecnológica».
Fuente: www.cantabria.es