Carlos García Llera, el monitor de natación que con cariño y paciencia se gana la confianza de los niños que llegan a la piscina de Renedo con miedo al agua

El asturiano Carlos García Llera reconoce que el trabajo como monitor de natación llegó a su vida “de rebote”.
Estudió el Grado Superior en Acondicionamiento Físico (TSAF) con la intención de desarrollar su actividad profesional en gimnasios, pero, según cuenta, “hice las prácticas, me dijeron hay trabajo en la piscina y hasta hoy”.
Desde hace 5 años es uno de los monitores de la piscina municipal del Ayuntamiento de Piélagos, en Renedo, donde imparte clases tanto a los alumnos de la Escuela municipal de natación (88 matrículas durante el curso 2025-2026), como a los participantes en los cursos de verano (253 matrículas entre los meses de julio y agosto).
“Me lo paso muy bien, les cojo cariño a los niños y a los padres y me llevo genial con todo el mundo”, destaca este joven, quien asegura que lo más bonito de su trabajo, incluso durante los meses de verano, es “el trato con la gente”.
De hecho, cuenta orgulloso que va por la calle, le saluda todo el mundo y charla con los niños, pero también con las familias.
Todo se consigue con mucho cariño
Preguntando por su trabajo en el agua, explica que resulta fácil en el caso de aquellos alumnos que “vienen flotando” y “se manejan un poco”.
Por el contrario, dice, “lo más difícil es cuando llegan con miedo porque necesitas que cojan confianza en ti, en el agua y que aprendan a flotar un poco”.
Carlos García Llera subraya que todo esto se consigue “con mucho cariño”. “Al final, les tomas un poco el pelo, te ríes, hablas mucho con ellos y si no es un día es otro, la cosa es no meterles prisa”, relata.
“Los trato como me gustaría que me tratasen a mí y a mis hijos, cuando los tenga”, asegura este monitor de natación, quien recalca que frente al miedo al agua lo mejor es “paciencia, mucha calma, que cojan confianza y que vean que no pasa”.
Para ello, explica, “lo que hago con muchos niños que al principio vienen llorando es caminar con ellos mientras el resto está nadando para que vean que no pasa nada, para que se familiaricen hasta que estén preparados”.
“Al final es como si fuera su padre porque en muchos casos empiezan en los cursos de verano y luego van a la Escuela y, la verdad, da pena verlos crecer”, concluye.
Fuente: www.pielagos.es