El ámbar de El Soplao se consolida como uno de los archivos más completos de Europa sobre los bosques del Cretácico

Ejemplar de tisanóptero (del orden Thysanoptera) conservado en ámbar de El Soplao, uno de los numerosos insectos fósiles recuperados en este yacimiento del Cretácico Inferior.( Foto: Gobierno de Cantabria)
Santander- 04.09.2026
El yacimiento de ámbar de El Soplao se consolida como uno de los depósitos más importantes de Europa para conocer cómo eran los ecosistemas terrestres durante el Cretácico inferior, hace unos 105 millones de años.
Así lo confirma una investigación publicada en la revista científica Journal of the Geological Society, de la Sociedad Geológica de Londres. El trabajo realizado por un equipo internacional sintetiza casi dos décadas de investigaciones y descubrimientos realizados en el enclave cántabro para mostrar por qué se ha convertido en una referencia internacional para el estudio de la vida del pasado.
El estudio destaca la excepcional conservación de los fósiles de El Soplao y su capacidad para aportar información que permite reconstruir la biodiversidad de aquel periodo, las relaciones ecológicas y el funcionamiento de los bosques del Cretácico.
El Soplao es actualmente uno de los depósitos de ámbar cretácico con bioinclusiones más importantes de Europa, según señala el estudio, y un referente para comprender la biodiversidad terrestre durante un periodo clave de la historia de la vida, cuando tuvo lugar la expansión de las plantas con flor y la consiguiente aparición de los ecosistemas terrestres modernos en el Cretácico.
Esta investigación ha sido liderada por Alba Sánchez-García, investigadora del Departamento de Botánica y Geología de la Universitat de València, y cuenta también con la participación de Enrique Peñalver, del Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC); Xavier Delclòs, de la Universitat de Barcelona, y Ricardo Pérez-de la Fuente, del Oxford University Museum of Natural History. Se ha desarrollado en el marco de varios proyectos financiados por la Generalitat Valenciana, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y el Gobierno de Cantabria, a través de la empresa semipública El Soplao S.L.
Escenas de la vida de un bosque cretácico
Además de preservar los organismos, el ámbar de El Soplao registra escenas de la vida cotidiana de un bosque cretácico. Gracias a esta conservación, los investigadores han documentado algunas de las evidencias más antiguas de interacciones ecológicas conservadas en ámbar.
Los investigadores han identificado relaciones de depredación, parasitismo, mutualismo y comensalismo, así como comportamientos poco comunes en el registro fósil. Entre ellos destaca el transporte de diversos restos por larvas de neurópteros, que los utilizaban para camuflarse tanto de sus depredadores como de sus presas.
También se han identificado interacciones entre artrópodos y plantas, entre artrópodos y vertebrados y otras evidencias directas del funcionamiento de estos ecosistemas hace más de cien millones de años.
El artículo incorpora dos reconstrucciones realizadas por el paleoartista J. A. Peñas, bajo la supervisión de los investigadores. Una de ellas recrea el aspecto en vida de la larva del neuróptero Hallucinochrysa diogenesi, mostrando el característico recubrimiento de restos vegetales que utilizaba para camuflarse y que constituye una de las evidencias más antiguas conocidas de este comportamiento.
La segunda reconstrucción ofrece una visión del ecosistema en el que se originó el yacimiento y muestra tanto el bosque resinífero bajo la influencia recurrente de incendios forestales que promovieron la producción y acumulación de resina, como el ambiente pantanoso donde la resina quedó enterrada.
Más de 1.500 inclusiones de artrópodos y 40 especies identificadas
El ámbar es resina producida por árboles que, al fosilizarse, puede conservar con un extraordinario nivel de detalle organismos que quedaron atrapados en ella hace millones de años.
En El Soplao se han recuperado más de 1.500 inclusiones de artrópodos y se han identificado 40 especies, la mayoría descritas por primera vez para la ciencia. Muchas de ellas conservan estructuras microscópicas que permiten reconstruir tanto su anatomía como aspectos de su biología y ecología.
El yacimiento, que afloró por las obras de una carretera y fue descubierto en 2007 por dos científicas del IGME, ha proporcionado desde entonces hallazgos relevantes para el conocimiento de la vida terrestre durante el Cretácico.
Fuente: www.cantabria.es