«El suicidio no habla de valientes ni cobardes, nos comunica un profundo sufrimiento»

La psiquiatra Ana Fernández Villar, coordinadora del área sanitaria de Salud Mental de Fundación Hospitalarias Cantabria, insiste con motivo del Día Mundial para la Prevención del Suicidio en la importancia de preguntar, escuchar sin juzgar y buscar ayuda profesional
Santander, 9 de septiembre de 2026.– Este jueves, 10 de septiembre, se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, una jornada que este año vuelve a desarrollarse bajo el lema Cambiar la narrativa y que busca combatir los mitos todavía existentes en torno a la conducta suicida.
Ana Fernández Villar, psiquiatra y coordinadora del área sanitaria de Salud Mental de Fundación Hospitalarias Cantabria, considera fundamental desterrar ideas como que “quien lo dice, no lo hace”, que el suicidio no puede prevenirse, que se trata de una cuestión de valentía o cobardía o que preguntar a una persona por sus pensamientos suicidas puede favorecer que actúe.
“El suicidio no habla de valientes ni cobardes, nos comunica un profundo sufrimiento”, señala la especialista.
Fernández Villar explica que detrás de una conducta suicida pueden encontrarse numerosos factores y que, con frecuencia, existe más un deseo de dejar de vivir de determinada manera que una voluntad de morir.
La desesperanza, la soledad no deseada, el dolor físico o la presencia de un trastorno mental grave son algunos de los elementos que pueden influir.
En los últimos años, la especialista asegura haber observado en consulta a personas relativamente jóvenes que presentan ideación suicida sin que necesariamente exista previamente un trastorno mental, sino como consecuencia de una crisis vital sobrevenida.
Entre los factores que podrían estar influyendo menciona la percepción de soledad entre los jóvenes, el aislamiento, los cambios en las estructuras familiares, el papel de las redes sociales, la impulsividad asociada al consumo de determinadas sustancias o la pérdida de sentido vital.
La psiquiatra llama también la atención sobre el que denomina suicidio “oculto” entre las personas mayores, una realidad que considera poco visible y de la que, a su juicio, es necesario hablar más.
En estos casos, factores como la soledad no deseada o las consecuencias incapacitantes del envejecimiento pueden incrementar la vulnerabilidad.
Fernández Villar es contundente al asegurar que el suicidio puede prevenirse.
“El primer paso es preguntar acerca de si en algún momento han pensado que, para vivir así, mejor no vivir”, explica.
La especialista considera que esa conversación debe producirse desde una actitud de escucha, sin juicios ni valoraciones, y que posteriormente debe buscarse ayuda de profesionales de la psiquiatría o la psicología.
También existen señales que pueden alertar de que una persona atraviesa una situación especialmente delicada.
Conflictos interpersonales, pérdidas recientes, diagnósticos médicos graves o crisis agudas pueden actuar como desencadenantes, mientras que determinados cambios de comportamiento también pueden requerir atención.
Entre ellos, Fernández Villar cita resolver asuntos pendientes con especial premura, cambios bruscos de carácter, autolesiones, aumento de la impulsividad o un aislamiento cada vez mayor.
Ante estas circunstancias, recomienda acercarse a la persona, preguntarle directamente por la posible existencia de pensamientos suicidas y recurrir a profesionales.
La psiquiatra recuerda asimismo que existe una relación entre determinadas enfermedades mentales graves y un mayor riesgo de conducta suicida.
Entre ellas menciona la esquizofrenia, el trastorno bipolar, el trastorno depresivo y los trastornos relacionados con el abuso de sustancias.
El riesgo puede aumentar especialmente cuando coinciden dos o más trastornos psiquiátricos, una situación que incrementa el malestar psicológico y puede dificultar el acceso o la adherencia a un tratamiento adecuado.
En Fundación Hospitalarias Cantabria, la prevención del riesgo suicida en personas con trastorno mental grave se aborda desde una perspectiva multidisciplinar.
Psiquiatría trabaja en la adaptación del tratamiento farmacológico a las necesidades de cada paciente, mientras que desde Psicología se desarrolla el abordaje psicoterapéutico de los problemas individuales y relacionales, teniendo también en cuenta el papel de las familias.
Trabajo Social interviene en la búsqueda de apoyos y recursos comunitarios, mientras que integradores sociales y terapeutas ocupacionales trabajan para favorecer la participación en actividades y recuperar capacidades funcionales que puedan haberse deteriorado.
La atención se completa con el acompañamiento diario del personal auxiliar, la intervención de Enfermería en situaciones de crisis y su papel de enlace entre el paciente y el psiquiatra.
Fernández Villar señala también la contribución de la atención pastoral para aquellas personas en las que la dimensión espiritual pueda ayudar a encontrar sentido y acompañamiento.
La especialista considera que Cambiar la narrativa pasa precisamente por modificar la manera en que la sociedad habla del suicidio.
Preguntar sobre él en un contexto adecuado no provoca, según recalca, que una persona se suicide y puede convertirse precisamente en una oportunidad para detectar el sufrimiento y ofrecer ayuda.
“Muchas veces las personas hablan acerca de esa ideación antes de hacer un intento, por lo que hay que tenerlo en cuenta”, advierte.
Su mensaje con motivo del Día Mundial para la Prevención del Suicidio se resume en dos ideas: “Hay esperanza, pide ayuda”.
“Pienso que a día de hoy todos, tanto terapeutas como familiares y pacientes, necesitamos recuperar la esperanza, sabiendo que hay personas dispuestas a acompañarnos y sostenernos mientras transitamos por el dolor y el sufrimiento”, concluye.