Cantabria revela claves genéticas de la última glaciación

 Cantabria revela claves genéticas de la última glaciación

El Mirón y Chufín aportan nuevas muestras para reconstruir la historia de las poblaciones humanas que vivieron en Europa entre hace 30.000 y 20.000 años

Santander, 30 de octubre de 2026.– Las cuevas cántabras de El Mirón, en Ramales de la Victoria, y Chufín, en Rionansa, han aportado nuevas evidencias genéticas fundamentales para reconstruir la historia de las poblaciones humanas que habitaron la región franco-cantábrica durante la última glaciación.

El estudio, publicado en la revista científica Science Advances, ha sido liderado por Pere Gelabert, de la Universidad de Viena, y cuenta con participación de la Universidad de Cantabria. La investigación combina los nuevos datos procedentes de ambos yacimientos cántabros con restos de la cueva francesa de Isturitz y de otros enclaves europeos.

Los resultados muestran que la continuidad genética de determinadas poblaciones en el suroeste de Europa durante miles de años coexistió con contactos e intercambios con otros grupos humanos del continente, lo que ofrece una imagen más compleja de los movimientos de población durante el Paleolítico superior.

Uno de los principales avances procede de El Mirón, donde los investigadores han obtenido ADN nuclear humano directamente de sedimentos de hace unos 22.000 años, correspondientes al periodo Solutrense, sin necesidad de disponer de restos óseos humanos.

El análisis de cerca de 15.000 marcadores genéticos ha permitido profundizar en la ascendencia de las poblaciones que ocuparon la cueva y relacionarlas con otros grupos humanos de Europa occidental. Los resultados respaldan la persistencia en el suroeste europeo de una ascendencia vinculada al denominado linaje Fournol durante el Último Máximo Glacial.

David Cuenca-Solana, codirector de los trabajos arqueológicos en El Mirón, destaca que las condiciones de conservación del yacimiento han permitido recuperar evidencias genéticas de un periodo caracterizado por temperaturas extremas.

Por su parte, Igor Gutiérrez-Zugasti, responsable del grupo BioPrehistory, subraya la importancia de poder recuperar ADN directamente de los sedimentos. Esta técnica permite estudiar ocupaciones humanas incluso cuando no se conservan huesos o dientes, a partir de restos biológicos depositados durante la presencia humana en las cuevas.

La cueva de Chufín aporta otra de las piezas relevantes del estudio. Las excavaciones realizadas en 2021 permitieron recuperar un primer molar humano perteneciente a una mujer joven que vivió hace aproximadamente 26.000 o 27.000 años, durante el Gravetiense.

El ADN mitocondrial del diente pertenece al grupo U8, identificado también en otras zonas de Europa. Aunque la conservación genética ha limitado la cantidad de información obtenida, los datos relacionan a esta mujer con poblaciones de ascendencia occidental y aportan una nueva referencia para estudiar la continuidad genética en la región cantábrica.

La investigación también ha identificado nuevas evidencias de intercambio genético entre poblaciones del este y el oeste de Europa hace más de 30.000 años.

El hallazgo procede principalmente del genoma de una mujer que vivió hace unos 30.000 años en la cueva de Isturitz, en Francia. Aunque la mayor parte de su ascendencia estaba vinculada a poblaciones de Europa occidental, también presentaba componentes genéticos relacionados con grupos de Europa central y oriental. Los investigadores sitúan ese intercambio entre hace 32.500 y 31.500 años.

Estos resultados cuestionan la idea de que las poblaciones gravetienses orientales y occidentales permaneciesen completamente aisladas y apuntan a contactos entre grupos geográficamente distantes compatibles, al mismo tiempo, con una prolongada continuidad genética en el suroeste europeo.

En el trabajo participan los grupos BioPrehistory y PreGraphity, del Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria, y EvoAdapta, de la Universidad de Cantabria. Su aportación ha incluido las excavaciones, la obtención de muestras y la contextualización arqueológica de los resultados, mientras que los análisis paleogenómicos se han desarrollado principalmente en la Universidad de Viena.

La investigación refuerza así el papel de los yacimientos cántabros en el estudio de las poblaciones humanas del Paleolítico y permite conocer con mayor precisión cómo se mantuvieron determinados linajes durante la última glaciación al tiempo que se producían contactos entre distintas regiones de Europa.

El Cantabro

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