Carmen Osorio: ‘No hay libertad de elección: el algoritmo nos dirige hacia lo que quiere que veamos’

 Carmen Osorio: ‘No hay libertad de elección: el algoritmo nos dirige hacia lo que quiere que veamos’

La experta ha cerrado en Castro Urdiales el ciclo ‘Realidad y compromiso: mujeres que actúan’ con una charla sobre el uso responsable de los dispositivos digitales

20 de julio de 2026.- La periodista Carmen Osorio conoce las redes sociales desde dentro. Hace más de una década comenzó a crear contenidos en Internet, primero a través de un blog y después mediante pódcast y distintas plataformas digitales. Esa experiencia le permitió descubrir las posibilidades de la tecnología, pero también una cara menos amable que empezó a preocuparle especialmente cuando fue madre. “Uno entra en las redes sociales con una idea un poco idílica y, al final, también se encuentra con una cara B”, ha reconocido en la conferencia que ha cerrado el ciclo ‘Realidad y compromiso: mujeres que actúan’ esta tarde en la sede de Castro Urdiales de los Cursos de Verano de la Universidad de Cantabria.

La inquietud por la manera en que ese entorno podía afectar a sus hijos la llevó a formarse en adicciones tecnológicas y a profundizar en los mecanismos que explican el uso abusivo de los dispositivos. Ese conocimiento ha sido el hilo conductor de esta actividad cultural, patrocinada por la Dirección General de Juventud, Cooperación al Desarrollo y Voluntariado del Gobierno de Cantabria.

Osorio ha recordado que cuando comenzó a trabajar en redes sociales, Internet funcionaba de una forma completamente distinta. Los usuarios decidían qué perfiles seguir y qué contenidos consumir. Hoy, sin embargo, esa lógica se ha invertido porque es el algoritmo el que propone continuamente nuevos contenidos para conseguir un mayor tiempo de retención. “No hay libertad de elección: el algoritmo nos dirige hacia lo que quiere que veamos”, ha destacado.

A su juicio, esta transformación ha cambiado también la manera de crear contenido, ya que las plataformas premian aquello que consigue captar la atención durante más tiempo y eso empuja hacia publicaciones cada vez más llamativas. «Como se busca la viralidad, los contenidos son cada vez menos blancos y recurren más a emociones fuertes para causar impresión”, ha lamentado.

A esta evolución se suma la irrupción de la inteligencia artificial, que ha multiplicado la dificultad para distinguir lo real de lo falso. “Hay vídeos que realmente no son fáciles de distinguir”.

A la conferencia ha asistido Begoña Gómez, consejera de Inclusión Social, quien ha opinado que la clave para un buen uso de internet y las redes sociales pasa por «educar, enseñar y acompañar». También han estado presentes Blanca Fernández, directora general de Juventud del Gobierno de Cantabria, Elena García, concejala de Educación, Cultura y Atención Ciudadana, y Cristina Sánchez, responsable de la sede del municipio de los Cursos de Verano de la UC.

El peligro de normalizar

Uno de los principales mensajes que Osorio ha transmitido en su intervención es que la sociedad ha normalizado un uso perjudicial de la tecnología en niños y adolescentes. “Las familias tienden a restarle importancia porque lo hace todo el mundo. Se están minimizando los riesgos”, ha alertado. En su opinión, esa percepción lleva a muchos padres a relajar la supervisión.

Para explicar esa situación recurre a un paralelismo con el tabaco. “Cuando yo era joven también se minimizaban los riesgos y se podía fumar en un restaurante, en una universidad o en un hospital. En el momento en que se minimizan los riesgos de algo, las medidas que se toman frente a ese algo son mínimas”, ha comparado y ha añadido, “hace años, si alguien pasaba tres o cinco horas delante de una máquina tragaperras, nadie dudaba de que podía tener una adicción. Sin embargo, ahora parece muy normal que una persona pase tres horas jugando online o con el móvil”.

La familia como principal factor protector

Frente a quienes consideran imposible controlar esta situación, Osorio ha revelado que “el principal factor protector es la familia”. La periodista se ha mostrado convencida de que ninguna recomendación funciona si los adultos no revisan primero su propia relación con la tecnología, entre otras razones porque los hijos tienden a observar a sus progenitores y difícilmente asumen ciertas normas si quienes las establecen actúan de manera contraproducente. “No puedes decirle al niño que coma fruta y coma sano mientras tú te estás inflando a otras cosas», ha opinado.

Osorio ha evitado hablar de recetas infalibles, pero ha defendido algunas pautas concretas. “Yo no facilitaría nunca un dispositivo con acceso a Internet antes de los 14 años y esperaría hasta los 16 para las redes sociales”. Esa es precisamente la decisión que ha tomado con sus propios hijos, aunque insiste en que la edad, por sí sola, no resuelve el problema, ya que esperar hasta los 14 años “para dárselo sin ninguna supervisión ni ningún límite es absurdo”.

Para cuando llega el momento de entregar el primer móvil, ha aconsejado elegir conjuntamente las aplicaciones, comprobar si son apropiadas para la edad del menor, restringir aquellas que no lo sean y establecer normas desde el principio.

La experta ha subrayado que los sistemas de control parental pueden resultar útiles, pero no sustituyen la presencia del adulto. “El control parental es como una muletita”, ha detallado, consciente de que el peligro aparece cuando los progenitores interpretan su instalación como una garantía absoluta de seguridad y dejan de supervisar el uso real del dispositivo.

También ha considerado imprescindible asegurarse de mantener a los menores alejados de las pantallas en determinados momentos del día como la noche o durante las comidas y los encuentros familiares. Según Osorio, otra estrategia eficaz para reducir el uso de dispositivos electrónicos consiste en incentivar a los hijos a realizar actividades deportivas, culturales, sociales o creativas que ofrezcan alternativas al entretenimiento digital. “Que tengan otras actividades también puede alejarlos de problemas de abuso y adicción”.

En cualquier caso, la periodista ha reconocido que “los padres no podemos controlarlo todo” y prueba de ello es que un adolescente puede utilizar el móvil de un amigo o abrir una cuenta en redes sociales fuera de casa. Aunque “hay cosas que se pueden escapar”, ha insistido en que eso no significa que las familias deban renunciar a educar. “El objetivo es no facilitarles que hagan aquello que consideras que no deben hacer” y ofrecerles criterios para que aprendan a desenvolverse con autonomía y sentido crítico en el entorno digital.

El Cantabro

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