La UC estudia tortugas para interpretar huellas prehistóricas

 La UC estudia tortugas para interpretar huellas prehistóricas

Investigadores de la Universidad de Cantabria realizan ensayos en Cabárceno para conocer cómo se forman las pisadas y aplicar los resultados al estudio de rastros de animales de hace unos 250 millones de años

Santander, 16 de octubre de 2026.– Un equipo de investigadores de la Universidad de Cantabria (UC) estudia cómo caminan animales actuales para obtener información que permita interpretar mejor las huellas dejadas por especies extinguidas hace millones de años.

El proyecto, dirigido por Ignacio Díaz Martínez, del Departamento de Ciencias de la Tierra y Física de la Materia Condensada (CITIMAC), ha iniciado sus primeros ensayos en colaboración con el Parque de la Naturaleza de Cabárceno.

Las primeras protagonistas han sido cuatro tortugas de espuelas africanas (Centrochelys sulcata), considerada la tercera tortuga más grande del mundo, por detrás de las tortugas gigantes de Galápagos y Seychelles. Esta especie puede superar los 50 kilos de peso.

Los ensayos, realizados a principios de octubre, permiten conocer cómo distribuyen los animales su peso al caminar, dónde apoyan cada extremidad, qué separación mantienen entre las patas y cuál es la secuencia de movimientos.

El trabajo parte del denominado principio del actualismo, utilizado en paleontología para interpretar procesos del pasado mediante fenómenos que pueden observarse actualmente.

El objetivo es establecer relaciones entre la locomoción de los animales vivos y los rastros conservados en el registro fósil. Según explica Díaz Martínez, a finales del Pérmico, hace aproximadamente 250 millones de años, existían animales con formas de desplazamiento comparables a las de las tortugas actuales, aunque esto no implique necesariamente una relación directa de parentesco.

Una de las cuestiones que el equipo pretende aclarar es hasta qué punto la forma de una huella permite reconstruir el movimiento del animal que la produjo y cómo condicionan el resultado factores como el peso, la posición de las extremidades o las características del terreno.

Para ello utilizan una plataforma Trescan Strideway, similar a las empleadas en podología, traumatología y fisioterapia para analizar la marcha humana. El equipo dispone de un dispositivo de dos metros y medio de longitud, con unos 1,80 metros de superficie de medición y sensores capaces de representar las pisadas en un ordenador.

La siguiente fase consistirá en colocar sobre la plataforma una capa de sedimento de unos dos centímetros, lo que permitirá medir simultáneamente la presión ejercida por las patas y observar la forma de las huellas que quedan impresas.

Los investigadores podrán analizar así cómo variables como la humedad o el espesor del sedimento modifican una pisada, incluso cuando el animal realiza un movimiento similar.

El proyecto cuenta también con un escáner tridimensional Artec Leo, que permitirá obtener modelos digitales de las huellas y analizar su relieve. La combinación de estos registros con los datos de presión servirá para estudiar la deformación del terreno y la geometría de las pisadas.

En los ensayos colaboran el conservador de reptiles de Cabárceno, Antonio Moro, y el director del parque, Míchel Valdés, además de los investigadores del CITIMAC Juan Remondo, Antonio Barreda, Pablo Cruz y Paolo Citton, junto a investigadores de Ingeniería Mecánica de la Universidad de Cantabria.

La intención es extender posteriormente las pruebas a otras especies del parque. Entre ellas figuran aves de gran tamaño, como avestruces y emúes, cuya locomoción puede proporcionar datos para interpretar rastros de dinosaurios bípedos.

También se contempla trabajar con grandes mamíferos como los rinocerontes, estudiando cómo distribuyen el peso durante la marcha para establecer comparaciones con animales extinguidos de gran tamaño, incluidos dinosaurios cuadrúpedos.

Con estos experimentos, el equipo busca ampliar el conocimiento sobre cómo se forman las huellas y mejorar la información que los rastros fósiles pueden aportar sobre la manera de desplazarse de animales que vivieron hace millones de años.

El Cantabro

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