Las bajas temperaturas elevan el riesgo de accidente laboral en Cantabria

Un estudio liderado por investigadores de la UC cifra el incremento de accidentes laborales en un 16 % a 0 ºC y detecta, en cambio, un aumento del 73 % con altas temperaturas en el sector primario
Santander, 1 de septiembre de 2026.- Una investigación liderada por Ana Santurtún y en la que también participa Pablo Fernández de Arroyabe, profesores de la Universidad de Cantabria (UC), ha identificado una relación significativa entre la temperatura aparente (AT) y los accidentes laborales en Cantabria. El estudio revela dos patrones especialmente relevantes para la región: el riesgo global de sufrir un accidente laboral aumenta a medida que desciende la temperatura, mientras que en el sector primario ocurre lo contrario y el riesgo crece significativamente a partir de los 22 ºC de temperatura aparente.
El artículo, titulado Heat and cold at work: Occupational accidents and apparent temperature in the primary and construction sectors across five Spanish provinces, publicado en la revista científica Sustainable Cities and Society, está firmado además de por los profesores de la UC, por investigadores de la Universidad de Coimbra y de la Universidad Nacional de Lanús y CONICET, en Argentina.
El trabajo analiza 17 años de datos de accidentes laborales, entre 2005 y 2021, correspondientes a cinco provincias españolas con distintas características climáticas y laborales: Almería, Ávila, Cantabria, Pontevedra y Sevilla. Los datos, procedentes del Ministerio de Trabajo y Economía Social, se combinaron con información meteorológica de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET).
Frente a trabajos previos centrados principalmente en el calor, los autores estudiaron también el efecto del frío y utilizaron la denominada temperatura aparente (AT), un indicador biometeorológico que combina temperatura del aire, humedad y velocidad del viento para aproximarse mejor a la sensación térmica que experimenta el organismo. Además del conjunto de accidentes, se estudiaron por separado el sector primario y la construcción, dos ámbitos con una importante presencia de trabajo al aire libre.
Impacto del frío
En el caso de Cantabria se contabilizaron durante ese periodo 128.204 accidentes laborales, de los cuales 12.423 correspondieron a la construcción y 6.638 al sector primario.
Durante el periodo analizado, la edad media a la que los trabajadores sufrieron accidentes en Cantabria fue 40 años; la duración media de la baja de 35 días y en el 72% de los casos el accidente tuvo lugar en el lugar habitual de trabajo.
Los resultados muestran que, considerando el conjunto de actividades laborales de Cantabria, por debajo de 11 ºC de temperatura aparente el riesgo de accidente aumenta progresivamente conforme desciende la temperatura. El máximo analizado se alcanza a 0 ºC, cuando el riesgo es un 16 % superior al registrado a 21 ºC, temperatura asociada al mínimo número de accidentes.
Este comportamiento sitúa a Cantabria junto a Pontevedra y Ávila, donde también se observa una asociación significativa entre bajas temperaturas y accidentalidad laboral. Los investigadores apuntan que fenómenos asociados al frío y más habituales en territorios húmedos y del norte, como las heladas, la lluvia persistente, la nieve o la niebla, podrían contribuir a explicar este patrón.
El calor, un riesgo especialmente relevante para el sector primario cántabro
El análisis cambia, sin embargo, cuando se estudia específicamente el sector primario, que incluye actividades agrícolas, forestales, ganaderas y pesqueras.
El riesgo de accidente en Cantabria en este sector comienza a aumentar significativamente a partir de los 22 ºC de temperatura aparente. La asociación se intensifica conforme aumenta la temperatura hasta alcanzar su máximo a 34 ºC: en esas condiciones, el riesgo es 1,73 veces el observado a 14 ºC, que es la temperatura aparente asociada al mínimo número de accidentes en este sector.
“En Cantabria vemos que, cuando analizamos todos los accidentes laborales, existe una asociación estadísticamente significativa con las temperaturas bajas. Sin embargo, cuando estudiamos el sector primario encontramos que la asociación se produce con las temperaturas altas”, explica Ana Santurtún, profesora de la Unidad de Medicina Legal del Departamento de Fisiología y Farmacología de la Universidad de Cantabria.
Los autores consideran que este comportamiento puede estar relacionado, entre otros factores, con la estacionalidad de las actividades agrícolas y ganaderas del norte de España, que concentran buena parte de su actividad en primavera y verano, mientras que durante el invierno predominan tareas de mantenimiento que pueden posponerse ante condiciones meteorológicas adversas.
No existe una temperatura de riesgo igual para todos los territorios
Los resultados obtenidos en Cantabria ilustran una de las principales conclusiones de la investigación: no es posible establecer un único umbral de temperatura a partir del cual aumente el riesgo de accidente laboral en todos los territorios y actividades profesionales.
“Las personas estamos adaptadas a nuestro medio y, además, existen diferencias profesionales. Incluso dentro de un mismo sector, la agricultura por ejemplo, sus características en Cantabria son muy diferentes a las de Almería”, explica Santurtún. A ello se suman, añade la investigadora, las características individuales de cada trabajador, su edad, sus comorbilidades, que también deben tenerse en cuenta a la hora de establecer medidas preventivas.
Por ello, la investigación apuesta por desarrollar estrategias de prevención adaptadas al territorio, que consideren el clima local, los sectores laborales predominantes y las características de los trabajadores. El propio artículo plantea que las diferencias provinciales justifican avanzar hacia directrices específicas para cada territorio e incluso hacia planes adaptados a escala municipal.
Los investigadores advierten, además, de que la ausencia de una asociación estadísticamente significativa en un sector concreto no debe interpretarse como ausencia de riesgo ni llevar a relajar las medidas preventivas.
Santurtún subraya especialmente esta cautela respecto a la construcción, ya que el periodo analizado termina en 2021 y los resultados obtenidos en otros territorios muestran la sensibilidad de esta actividad frente a las altas temperaturas, como es el caso de Sevilla, donde el riesgo a 40 ºC es 1,38 veces el registrado a 21 ºC.
Proyecto internacional
La investigación forma parte de una línea más amplia de trabajo sobre salud laboral y cambio climático en la que el equipo de la UC estudia el impacto de los eventos meteorológicos extremos sobre los accidentes laborales junto a investigadores de Portugal, Argentina y Brasil.
“El interés de hacer un proyecto multicéntrico es, por un lado, por las diferencias climáticas y, por otro, por las características profesionales de cada entorno. Sin embargo, supone un reto porque al comparar países nos encontramos con discrepancias desde el punto de vista legal y procedimental. Qué se entiende por accidente laboral varía entre países y el proceso seguido cuando un accidente se sufre (la notificación, registro y gestión de los datos) es muy distinto”, explica Santurtún.