Marina Subirats advierte en la UC sobre los riesgos de retroceso en los derechos de las mujeres

La socióloga, integrante de la delegación española en la conferencia de Beijing en 1995, participa en la Universidad de Cantabria en una mesa de diálogo junto a la investigadora Lorea Romero
Subirats: “Seguimos educando a los chicos con un modelo de guerrero que hoy ya no sirve”
Santander, 19 de mayo de 2026.- La catedrática de Sociología Marina Subirats ha alertado este martes sobre el retroceso en la presencia de mujeres en espacios de decisión política y sobre el deterioro de los avances logrados en igualdad en las últimas décadas, cuando se cumplen 30 años de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, aprobada por Naciones Unidas en 1995.
Subirats, que formó parte de la representación española en aquella conferencia mundial sobre las mujeres, ha participado esta mañana en la mesa de diálogo “30 años después de Beijing: avances y retos desde una mirada intergeneracional”, junto a la investigadora Lorea Romero, moderada por la periodista Pilar Palazuelos, en el Aula Magna del Edificio Interfacultativo. El Área de Igualdad y Responsabilidad Social de la Universidad de Cantabria, dependiente del Vicerrectorado de Comunidad Universitaria, ha organizado esta actividad que se enmarca en el aniversario de la conferencia de Beijing, considerada uno de los principales acuerdos internacionales sobre igualdad de género y derechos de las mujeres.
Ambas ponentes han coincidido en señalar que la Plataforma de Acción de Beijing supuso un punto de inflexión para las políticas de igualdad y para el movimiento feminista internacional, aunque, advierten, persisten desigualdades estructurales y parte de los consensos alcanzados entonces atraviesan ahora una etapa de cuestionamiento.
La que fuera directora del Instituto de las Mujeres entre 1993 y 1996 ha recordado, en este sentido, que uno de los principales logros de la conferencia fue la incorporación del concepto de género al marco internacional de derechos y políticas públicas. “Fue una batalla muy difícil”, ha señalado, en referencia a las resistencias planteadas por algunos Estados y organizaciones religiosas durante las negociaciones de 1995. A su juicio, aquel acuerdo ha proporcionado durante estas tres décadas “un marco global” especialmente útil para los movimientos feministas de América Latina y África, que encontraron en el texto una herramienta para exigir avances legislativos y sociales a sus gobiernos.
Romero, investigadora de la Universidad de Deusto, ha destacado, por su parte, la incorporación de la perspectiva de género como criterio transversal en las políticas públicas. “Se asumió que la igualdad tenía que estar presente en todas las políticas: sanitarias, educativas, de vivienda o laborales”, ha explicado.
“Hay avances, pero no se ha conseguido la igualdad”
Las dos participantes han subrayado que, tres décadas después, persisten brechas de género en ámbitos como el empleo, la representación política, los cuidados o las violencias machistas.
“Es indudable que hemos avanzado muchísimo, pero no hemos conseguido la igualdad todavía”, ha afirmado Subirats, quien ha advertido de que los derechos conquistados “no avanzan en línea recta” y pueden sufrir retrocesos. En ese sentido, se ha referido al auge de discursos que cuestionan derechos consolidados. “El reto ahora es mantener todo lo conseguido y no retroceder”, sostiene.
La investigadora de la Universidad de Deusto ha rechazado la idea de que las políticas de igualdad hayan ido “demasiado lejos”. “Las brechas de desigualdad siguen existiendo en todos los ámbitos y en todos los países”, ha afirmado. La investigadora considera que parte del malestar que atraviesa la juventud responde a problemas sociales y económicos más amplios, como la precariedad laboral o el acceso a la vivienda. A su juicio, ese descontento está siendo canalizado por discursos que buscan responsabilizar a las mujeres o a la inmigración de problemas estructurales.
Mujeres y conflictos armados
Subirats ha querido poner el foco especialmente en uno de los capítulos de la Plataforma de Beijing dedicado a las mujeres y los conflictos armados, un apartado que, en su opinión, sigue plenamente vigente. La socióloga ha recordado, en este sentido, que en la conferencia, que se celebró poco después de las guerras de la antigua Yugoslavia, donde se documentaron violaciones sistemáticas y otros crímenes contra las mujeres, se reclamó reconocer esas agresiones como crímenes contra la humanidad y aumentar la presencia de mujeres en los procesos de negociación y resolución de conflictos.
“Treinta años después vemos que muchas de esas medidas no se han llevado a cabo”, lamenta Subirats y, de hecho, “las guerras actuales siguen afectando de forma especialmente dura a mujeres, niños y población civil”.
Además, “estamos comprobando que hay un retroceso en la presencia de mujeres en sitios decisorios políticamente”, ha concluido. “Teníamos que haber avanzado mucho más y eso hubiera repercutido en bien de toda la humanidad”.
“Modelo de educación del pasado”
En el transcurso de la mesa, se ha abordado también el papel de la educación en la reproducción de los modelos de género. Subirats, que lleva más de cuatro décadas investigando sobre coeducación, ha explicado que los niños siguen siendo educados “con un modelo del pasado”, basado en la competitividad, la agresividad y la negación de la empatía.
“Seguimos educando a los chicos con un modelo de guerrero que hoy ya no sirve”, afirma. La socióloga defiende la necesidad de intensificar en la educación masculina valores vinculados al cuidado, la colaboración o la expresión emocional. A su juicio, el cambio social de las últimas décadas ha sido mucho más profundo entre las mujeres que entre los hombres, y eso explica parte de las tensiones actuales.
En este sentido, Romero ha añadido que el conocimiento generado desde los estudios feministas aún no ha penetrado suficientemente en los currículos educativos. Aunque las universidades han desarrollado investigaciones en ámbitos muy diversos, desde las humanidades hasta las ingenierías, considera que esa producción académica sigue teniendo una presencia limitada en la formación ordinaria del alumnado.