Un investigador del IFCA participa en uno de los primeros mapas de materia oscura de la misión Euclid

 Un investigador del IFCA participa en uno de los primeros mapas de materia oscura de la misión Euclid

José María Diego forma parte del equipo internacional que ha demostrado la capacidad del telescopio espacial europeo Euclid para detectar y cartografiar la materia invisible en el Universo

En Santander, a 29 de junio de 2026.- El investigador del Grupo de Cosmología Observacional e Instrumentación del Instituto de Física de Cantabria (IFCA, CSIC-Universidad de Cantabria), José María Diego, participa en un nuevo estudio internacional que marca uno de los primeros pasos científicos de la misión espacial Euclid. El trabajo demuestra que el telescopio europeo ya es capaz de detectar y reconstruir la distribución de materia oscura en el Universo mediante una de las técnicas más precisas de la cosmología moderna: la lente gravitacional débil.

A diferencia del telescopio James Webb, que se centra en el estudio de las primeras galaxias y la evolución del cosmos, Euclid nació con un objetivo claro: comprender la naturaleza de la energía oscura y de la materia oscura, dos componentes que constituyen aproximadamente el 95% del Universo y que, sin embargo, siguen siendo desconocidos para la ciencia moderna.

Aunque los primeros resultados completos de la misión están previstos para 2027, este estudio ya confirma que Euclid dispone de la sensibilidad necesaria para observar cómo la gravedad de grandes estructuras cósmicas deforma la luz procedente de galaxias mucho más lejanas.

Observar lo invisible

Se sabe que la materia oscura no emite ni refleja luz, por lo que no puede observarse directamente. Sin embargo, su gravedad sí deja huellas detectables. Según la teoría de la relatividad general de Einstein, las grandes concentraciones de masa curvan el espacio-tiempo y desvían la trayectoria de la luz. Cuando esta deformación es muy intensa, una galaxia puede aparecer multiplicada en varias imágenes. Pero existe una versión mucho más sutil de este fenómeno: la llamada lente gravitacional débil.

En este caso, las galaxias observadas aparecen ligeramente estiradas y alineadas debido a la influencia gravitatoria de la materia situada entre ellas y los ojos de la persona que observa. Lo que ocurre es que detectar estas pequeñas distorsiones requiere de imágenes muy precisas y un análisis estadístico de miles de galaxias.

Un laboratorio cósmico para Euclid

Para demostrar esta capacidad, el equipo internacional ha analizado observaciones del cúmulo de galaxias Abell 2390 obtenidas durante el programa de Publicación Temprana de Euclid. Este cúmulo de galaxias, es perfecto como objeto de estudio para la comunidad científica, porque está ubicado a unos 2.700 millones de años luz de la Tierra, en la constelación de Pegaso, y contiene más de 50.000 galaxias, siendo así como una especie de laboratorio para profundizar mejor en qué es la materia oscura y la evolución del universo.

Gracias a la calidad de sus cámaras y a su posición en el espacio, libre de las distorsiones de la atmósfera terrestre, Euclid puede captar imágenes profundas y detalladas de amplias regiones del cielo. Abell 2390 y Euclid son la pareja perfecta para estudiar la materia oscura a gran escala.

A partir de las formas observadas en miles de galaxias situadas detrás del cúmulo, los investigadores han reconstruido un mapa de la distribución de masa de Abell 2390. Lo que se ha descubierto es que la mayor parte de esa masa corresponde a materia oscura.

“No podemos observar directamente la materia oscura, pero Euclid nos permite reconstruir su distribución gracias al efecto de lente gravitacional”, explica José María Diego, investigador del IFCA-CSIC y miembro del equipo científico del estudio.

La aportación del IFCA

La participación del investigador José María Diego se enmarca en la contribución del IFCA a la misión Euclid, uno de los proyectos científicos más ambiciosos de la Agencia Espacial Europea (ESA). Diego es uno de los especialistas en lentes gravitacionales y materia oscura, áreas de investigación fundamentales para alcanzar los objetivos científicos de la misión.

Su experiencia se traduce en el análisis de cómo la gravedad altera la luz procedente de galaxias lejanas, una de las herramientas clave para cartografiar la distribución de materia invisible en el cosmos.

Un anticipo de lo que está por venir

Este nuevo trabajo constituye además una demostración del potencial científico de Euclid. Las observaciones empleadas representan menos del 0,004% del área total que cubrirá la misión durante su vida operativa.

La verdadera revolución llegará cuando Euclid complete el cartografiado de aproximadamente un tercio de todo el cielo. Entonces será posible seguir la evolución de las grandes estructuras cósmicas a lo largo de miles de millones de años y obtener información sobre la materia oscura y la energía oscura.

Para Diego, estos primeros resultados confirman que “la misión está preparada para afrontar algunos de los mayores desafíos de la cosmología actual”.

Aunque Euclid todavía se encuentra en las primeras fases de exploración científica, ya ha demostrado que con su capacidad técnica puede ayudar a estudiar la distribución de la materia invisible que moldea el Universo. Un paso más cerca para responder preguntas sobre el origen, la composición y el destino de nuestro cosmos.

El Cantabro

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