Investigadores cántabros identifican nuevos factores ambientales relacionados con la ELA y abren vías para futuras terapias

El equipo de la UC y el IDIVAL detecta un aumento del 70% de casos en Cantabria en las últimas décadas y señala el posible papel de contaminantes, altitud o calidad del aire interior
20.05.2026.- Un equipo investigador de la Universidad de Cantabria y el IDIVAL ha identificado nuevos factores ambientales que podrían estar relacionados con el desarrollo de la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una enfermedad neurodegenerativa que afecta a las motoneuronas y provoca una pérdida progresiva de fuerza muscular.
La investigación está liderada por el doctor Javier Riancho, miembro del grupo de Enfermedades Neurodegenerativas del IDIVAL, profesor asociado de la UC y neurólogo del Hospital Sierrallana, junto a la doctora Ana Santurtún, profesora de la Universidad de Cantabria.
Los investigadores llevan más de una década estudiando el impacto del entorno en el desarrollo de la enfermedad y han detectado un incremento de hasta el 70% en los casos de ELA en Cantabria durante los últimos 30 años, sin cambios relevantes en la base genética de la población. Este dato refuerza la hipótesis de que los factores ambientales podrían desempeñar un papel determinante.
Según explica Riancho, estos factores incluyen desde contaminación atmosférica o exposición a sustancias tóxicas hasta hábitos de vida o determinadas enfermedades. El investigador destaca además que se trata de elementos potencialmente modificables, lo que abre la puerta a futuras estrategias preventivas.
Uno de los hallazgos más relevantes del equipo ha sido la identificación, por primera vez, de clústeres geográficos con alta incidencia de ELA en zonas del norte y noreste de España. A partir de estos estudios, los investigadores han observado posibles asociaciones entre la enfermedad y variables como la altitud sobre el nivel del mar o el tipo de suelo agrario.
Además, el equipo ha detectado concentraciones urinarias más elevadas de sustancias como plomo y cobre en pacientes con ELA, resultados que apuntan hacia una posible relación entre determinados contaminantes ambientales y el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas.
Otra de las líneas de trabajo abiertas actualmente se centra en la calidad del aire dentro de las viviendas, un ámbito poco explorado hasta ahora pese al tiempo que las personas pasan en espacios interiores. El objetivo es determinar si ese entorno doméstico puede influir en la aparición o evolución de la enfermedad.
Las investigaciones epidemiológicas se complementan con experimentos de laboratorio en cultivos de motoneuronas, donde el equipo analiza cómo determinados factores ambientales pueden inducir degeneración celular y qué mecanismos biológicos intervienen en ese proceso.
Según señala Riancho, el objetivo final de estas investigaciones es doble: avanzar en estrategias preventivas y localizar nuevas dianas terapéuticas que permitan desarrollar tratamientos más eficaces para las personas que padecen ELA.
El investigador también se muestra optimista respecto a los avances científicos internacionales sobre esta enfermedad y destaca que el conocimiento sobre la ELA ha crecido “de forma exponencial” durante la última década. Actualmente ya existen tratamientos dirigidos a formas genéticas concretas de la enfermedad, como las asociadas al gen SOD1, capaces de mejorar su evolución clínica.