Investigadores de la UC participan en un estudio que analiza el significado social de los ornamentos en los grupos de cazadores-recolectores durante la Prehistoria

La investigación se ha centrado en la cueva de Llonín, en Asturias, por ser uno de los enclaves del cantábrico con mayor cantidad de evidencias de este tipo, al contar con más de 250 ornamentos personales
Santander, 08 de julio de 2026.- David Cuenca Solana y Daniel Pérez García de los Salmones, investigadores del Instituto de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria, junto a Ana Belén Marín Arroyo, del grupo EvoAdapta de la Universidad de Cantabria (UC), han participado junto a investigadores de la Universidad de Oviedo (Elsa Duarte, Marco de la Rasilla y Borja González), en un estudio multidisciplinar que ha analizado el conjunto de ornamentos personales de la cueva de Llonín, en Asturias, para conocer la evolución del significado social que tuvieron estos objetos para los grupos humanos que los manufacturaron y emplearon durante la Prehistoria.
El estudio, publicado en la revista de investigación multidisciplinar y acceso abierto Plos One bajo el título Identity and mobility through personal ornaments in Upper Paleolithic Cantabrian hunter-gateherer societies: Insights from Llonín cave (Asturias, Spain), ha permitido observar el uso social que los distintos ocupantes de la cueva hicieron de los ornamentos, que constituyen un lenguaje simbólico que, tanto en la Prehistoria como en la actualidad, transmiten y expresan “mensajes e identidades”.
Esta investigación, según explica David Cuenca, “se adentra en el significado social que tienen estos elementos de la cultura material. En concreto, los ornamentos personales para los grupos prehistóricos, igual que en la actualidad, tienen un significado identitario simbólico, ya sea estético, de pertenencia a un colectivo, de identificación social dentro de ese colectivo”.
En este sentido, el estudio ha permitido constatar la transformación sobre el uso social de los ornamentos personales que se produce en la cueva de Llonín, desde los momentos iniciales de su ocupación, en el periodo frío del máximo glaciar (hace más de 22.000 años), cuando la función social de estos materiales es de tipo individual, hasta que, hace unos 17.000 años, se transforma en un uso de identidad colectiva “a partir de la utilización de la cavidad por grupos con diferentes procedencias geográficas, como lugar de agregación”, tal como evidencia la presencia de conchas marianas de origen mediterráneo en la cueva.
“La única forma de que estos materiales lleguen hasta la cueva, en este momento de la Prehistoria, es a través del intercambio por parte de diferentes grupos humanos, lo que, a la vez, nos da una idea, igualmente, de la conexión social que existe entre estos grupos humanos y de cómo se conectan entre sí en territorios muy amplios, que abarcan desde la costa atlántica del norte de la Península Ibérica hasta la costa mediterránea”, sostiene.
Es decir, “la movilidad, el intercambio de información y las conexiones entre territorios” ya se producía hace miles de años cuando los grupos humanos “separados por cientos de kilómetros mantenían contactos que permitían la circulación de objetos, conocimientos y tradiciones culturales. Estos ornamentos constituyen una evidencia temprana de la capacidad humana para crear y mantener redes de relación a gran escala”.
Una colección amplia y heterogénea de ornamentos
La cueva de Llonín, en Asturias, es uno de los yacimientos clave del Paleolítico cantábrico. Con respecto a los ornamentos personales, uno de los aspectos diferenciales reside en su cantidad, con más de 250 ejemplares, su diversidad (taxonómica, tecnológica) y su extensión temporal, ya que su uso en la cavidad abarca desde el último máximo glacial hasta los inicios del Holoceno (entre 22 y 11 mil años antes del presente).
“Uno de los aspectos más interesantes de este conjunto es la variabilidad que tiene en cuanto a especies representadas, a los tipos de ornamentos y también a las técnicas aplicadas para su manufactura y su uso. Por todo ello, seguramente se trata de la colección más completa y variada publicada hasta la fecha en la región cantábrica”, afirma Daniel Pérez, coautor de la investigación.
Al hilo, hace hincapié en la procedencia de los elementos que, en un 70% son de origen marino, pero donde también tiene gran importancia, “especialmente en la fase inicial de ocupación de la cavidad”, los de origen terrestre, guardando especial relevancia la presencia de caninos atróficos de ciervo. “Se trata de la tipología más recurrente en todo el cantábrico”, apostilla.
Para estos investigadores, el estudio de los ornamentos personales contribuye tanto al avance del conocimiento científico como a la valoración y difusión de un patrimonio que forma parte de la historia común de la humanidad. Además de que “amplía la comprensión de la Prehistoria y ayuda a la sociedad a entender mejor los orígenes de las relaciones sociales, la identidad colectiva y diversidad cultural que caracterizan a la humanidad”.
Esta investigación se enmarca en el proyecto ‘Identidad, Ruptura y Continuidad en el simbolismo de los cazadores-recolectores del Paleolítico Superior y el Mesolítico en la Península Ibérica y la región Franco-Cantábrica’, financiado por el Ministerio de Ciencia, Investigación y Universidades y la Unión Europea (FEDER).