Hablamos con Estela de Castro sobre su exposición «Persona», la cual invita a mirar a los animales desde otra perspectiva

 Hablamos con Estela de Castro sobre su exposición «Persona», la cual invita a mirar a los animales desde otra perspectiva

La reconocida fotógrafa presenté en las Naves de Gamazo de Santander una de las grandes propuestas de PHotoEspaña 2026, un proyecto que reflexiona sobre la identidad, la empatía y la dignidad de los animales a través del retrato.

08 Julio de 2026

La fotógrafa Estela de Castro presenta en las Naves de Gamazo de Santander *Persona*, una de las exposiciones más destacadas de PHotoEspaña 2026. La muestra reúne más de ochenta retratos de animales rescatados realizados con la misma solemnidad y respeto con los que tradicionalmente se ha retratado a grandes figuras de la historia. El resultado es una propuesta artística que invita al visitante a cuestionar su forma de mirar a los animales y a reflexionar sobre conceptos como la identidad, la empatía y la dignidad. Conversamos con Estela de Castro sobre el origen de este proyecto, el proceso creativo que hay detrás de cada imagen y el mensaje que espera que permanezca en quienes recorran la exposición.

El título de la exposición es *Persona*. ¿Por qué eligió una palabra que tradicionalmente asociamos únicamente a los seres humanos?

El título fue una idea del gestor cultural Rafael Doctor. Este proyecto empezó originalmente como una colaboración para su editorial, Los Doscientos, y cuando estábamos dándole vueltas al título, él propuso Persona. Me pareció perfecto porque resume muy bien lo que pensamos al considerar a los animales como personas físicas no humanas. Al final, es una forma de dejar claro que ellos también son ‘alguien’ con su propia identidad, y que el concepto de persona no debería ser un privilegio exclusivo de nuestra especie.»

¿Cómo nació este proyecto y en qué momento sintió que debía convertirlo en una exposición?

Este proyecto nació a partir de 2020 con mi trabajo The Animals, donde empecé a retratar a animales víctimas de la explotación. Persona es, en el fondo, una retrospectiva de todos esos retratos que he ido haciendo desde entonces. Como fotógrafa, siempre trabajas con la mente puesta en la pared de una sala, pero la oportunidad real de producirlo y convertirlo en exposición llegó de la mano de la Fundación ENAIRE con la colaboración de Fujifilm.

La muestra reúne más de 80 retratos de animales rescatados. ¿Qué criterio siguió para seleccionar a sus protagonistas?

No busqué especies concretas, busqué historias. Quería que estuvieran representados animales que han sufrido diferentes tipos de explotación: desde animales considerados de granja, víctimas de la caza o la experimentación, animales salvajes usados en circos, víctimas del mascotismo, de la violencia vicaria o del abandono. Para mí, el único criterio importante era que fuesen supervivientes que hoy, por fin, viven tranquilos gracias a las personas y santuarios que los rescataron.

En sus fotografías no vemos especies, sino individuos. ¿Qué pretende que descubra el espectador cuando se detiene ante cada retrato?

En realidad, no pretendo que descubran algo concreto ni impuesto. Como fotógrafa activista, lo que hago es poner mi cámara al servicio de una causa y ofrecer mi mirada. Invito al espectador a detenerse ante ellos y a verlos como lo que son: individuos y seres sintientes que merecen respeto. Lo que cada persona descubra o sienta a partir de ese encuentro ya depende de su propia sensibilidad.

¿Por qué decidió fotografiarlos con los códigos clásicos del retrato de honor, reservados históricamente a las personas?

Mucha gente me dice que al retratarlos así estoy humanizando a los animales, pero yo siempre respondo que no. No los humanizo, simplemente los fotografío de la misma manera que a los seres humanos: con el mismo respeto, la misma iluminación cuidada y la misma solemnidad. Para mí es un acto de justicia. El retrato de honor históricamente se ha reservado para dar estatus y dignidad a las personas. Al aplicar estos mismos códigos a los animales rescatados, lo que hago es romper esa jerarquía visual y tratarlos con la misma consideración que a cualquiera de nosotros.

Todos los animales retratados proceden de protectoras, santuarios o centros de recuperación. ¿Cómo influyó conocer sus historias en su manera de fotografiarlos?

Influye en que vas condicionada por su pasado y sabes que no puedes acercarte de cualquier manera. Cuando sabes que un animal ha sufrido un maltrato extremo, como me ha pasado con perros que venían de cazadores y tenían tanto miedo que apenas podías ni mirarles, tienes que ser extremadamente cuidadosa. Para mí es fundamental trabajar con una energía muy baja, no hacer mucho ruido, evitar movimientos bruscos y tener una paciencia para que no sientan que eres una amenaza.

¿Hubo algún encuentro con uno de estos animales que le cambiara la forma de entender el proyecto?

No hubo ningún encuentro que me cambiara la forma de entender el proyecto, porque yo ya sabía lo que quería contar, pero sí hubo uno que me marcó. Fue con unos pollitos broiler, estos pollos son los que se usan para carne y son el animal que más se consume en el planeta y de los más maltratados. Estos pollitos venían de la experimentación de una facultad de medicina y habían sido rescatados por activistas. Sus cuerpos estaban completamente deformes y apenas podían sostenerse en pie.

Fotografiarles bastante duro para mí. Lía, una de las trabajadoras de Santuario Gaia que me ayudaba con las fotos me dijo que tomaban el sol, que recibían cariño y que vivían en grupo y que, dentro de todo ese cuerpo maltratado, vivían en las mejores condiciones que les podían dar. En la exposición, el retrato de uno de ellos, el de Pio, se muestra de una manera especial al entrar en la sala con una caja de luz.  Junto a la caja se puede leer un texto que cuenta su historia y que aporta datos reales sobre los animales que se usan en experimentación, que solo es España son cerca de 1 millón al año y en el resto del mundo cerca de 115 millones.

 Sus imágenes eliminan cualquier referencia al entorno. ¿Qué importancia tiene ese fondo neutro para centrar toda la atención en el retratado?

Bueno, en realidad en Persona no he eliminado el entorno en todas las fotos; hay algunas imágenes donde sí se ve la naturaleza. Pero es verdad que recurro mucho a los fondos neutros porque descontextualizo el retrato cuando el fondo en el que están no me interesa. Yo no soy fotógrafa de naturaleza. A mucha gente le parece raro ver a los animales con fondos neutros, limpios y cuidados, pero a mí me parece lo más normal del mundo. Es una elección puramente estética.

 ¿Qué papel cree que puede desempeñar la fotografía en un debate social sobre el bienestar y los derechos de los animales?

Creo que sirve para abrir el debate en espacios donde normalmente no se habla de esto, como los museos, festivales de fotografía o centros de arte. Mi manera de aportar es usar la belleza para hablar de la violencia. Utilizo el retrato cuidado para atraer al espectador sin el rechazo que provoca una imagen explícita de maltrato, y me ayudo de textos con datos porque a veces solo con la fotografía no se puede contar todo. Con ello busco acercar realidades muy cotidianas, pero completamente desconocidas o silenciadas, como todo lo que ocultan la industria de la leche, la del huevo, o el sufrimiento de las aves a las que arrancan las plumas para hacer almohadas. La fotografía es el puente estético que genera la empatía para que la gente se detenga, lea y descubra esas violencias.

La legislación ha avanzado en el reconocimiento de los animales como seres sintientes. ¿Cree que la sociedad avanza al mismo ritmo que las leyes?

Creo que en verdad todos vamos muy lentos, es un desastre. Desde 2022 se les considera legalmente seres sintientes, pero las leyes actuales son claramente insuficientes y, encima, las pocas que hay no se cumplen. Aun así, creo que una parte de la sociedad va por delante de la legislación. Hay una sensibilidad y una exigencia ciudadana que las leyes no recogen y mientras las instituciones no se lo tomen en serio, esa parte de la sociedad concienciada es la que tiene que seguir empujando sola.

Usted es una de las fotógrafas de retrato más reconocidas de España. ¿Qué diferencias existen entre retratar a una persona y hacerlo con un animal?

Radicalmente no cambia nada, la verdad. En mi forma de trabajar no hay mucha diferencia entre fotografiar a una persona o a otro animal. De hecho, hay animales que me lo ponen infinitamente más fácil que las personas; los gallos y las gallinas, por ejemplo, son unos modelos maravillosos. Al final, en ambos casos te estás poniendo delante de un individuo y tratas de establecer una comunicación y un respeto mutuo a través de la cámara. Varían los tiempos o la paciencia que requiera cada uno, pero el enfoque técnico y el respeto con el que miro por el visor es exactamente el mismo.

¿Cómo consigue generar esa conexión que se aprecia en la mirada de muchos de sus retratados?

Creo que mi propia confianza detrás de la cámara es fundamental. Yo vengo del analógico y no soy de disparar mucho. Mi forma de trabajar es muy estática: suelo estar sentada, con trípode y sin mover el encuadre. A partir de ahí, para mí el retrato es un encuentro, casi un ritual. Controlar mi lenguaje corporal, el tono de voz y trabajar desde la empatía es lo que genera esa conexión.

¿Qué espera que sienta o se pregunte el visitante cuando salga de la exposición?

Me gustaría que salgan haciéndose preguntas. Que la exposición les sirva para cuestionarse por qué tratamos de forma tan diferente a quienes tienen la misma capacidad de sentir que nosotros. Si alguien sale de la sala replanteándose su relación con los otros animales o su forma de consumir, el proyecto habrá cumplido su objetivo.

La exposición forma parte de PHotoEspaña y puede verse en las Naves de Gamazo. ¿Qué supone para usted presentar este trabajo en Santander?

Es una gran oportunidad. Las Naves de Gamazo son un espacio cultural con un prestigio indiscutible. Que un trabajo de fotografía activista, con un mensaje tan claro sobre los derechos de los animales, tenga este altavoz dentro del marco de PHotoEspaña es muy importante. Demuestra que estas realidades y estos debates pueden ocupar espacios en las instituciones artísticas más relevantes.

Después de este proyecto, ¿ha cambiado también su propia forma de mirar a los animales?

Sin duda. Aunque yo ya venía de un compromiso muy firme con el activismo, convivir de cerca con las historias y las miradas de estos más de ochenta individuos ha reafirmado mis convicciones. Me ha hecho aún más consciente de su individualidad y mucho más radical en la defensa de sus vidas. Es un proceso de aprendizaje continuo del que ya no hay vuelta atrás.

¿En qué nuevos proyectos trabaja actualmente y hacia dónde le gustaría evolucionar en los próximos años?

En realidad, ahora mismo no tengo nuevos proyectos en mente. Llevo tanto tiempo y tanta energía invertidos en Persona que lo que necesito es un descanso. Este trabajo ha sido muy intenso a todos los niveles, así que ahora toca parar y tomar aire. En cuanto a hacia dónde me gustaría evolucionar, tengo claro que mi camino de cara al futuro seguirá siendo el mismo: mi fotografía seguirá siendo activista y seguirá estando al servicio de la denuncia social.

 Si pudiera resumir *Persona* en una sola frase, ¿cuál le gustaría que se llevara consigo cada visitante?

Que los animales son nuestros hermanos en la Tierra y no nos pertenecen; no somos la especie superior, sino solo una pequeña parte de la historia de este mundo que ha evolucionado desconectándose totalmente de la naturaleza por culpa de un problema gravísimo de antropocentrismo.

Para finalizar, una pregunta más personal. Después de tantos años detrás de la cámara retratando a personas y, ahora, también a animales, ¿qué sigue emocionando a Estela de Castro cada vez que mira por el visor y pulsa el disparador?

Es tan sencillo como que me sigue emocionando cada retrato que hago.

Muchas gracias, Estela de Castro, por compartir con nosotros su tiempo y las reflexiones que hay detrás de *Persona*. Recordamos a nuestros lectores que la exposición puede visitarse en las Naves de Gamazo de Santander hasta el 17 de enero, una oportunidad para descubrir una obra que invita a detenerse, observar sin prejuicios y replantearse la relación que mantenemos con los animales a través de la fuerza del retrato fotográfico.

J. Quintanilla

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